Publicidad:
Terra
La Coctelera

alteraciones

como en casi cualquier blog has de buscar el principio justo al final, y esta novela empieza así, abajo del todo.

No somos ángeleS ..........5

-CINCO-

Yo

A veces caes y mientras lo haces ves el suelo, puedes sentir el golpe y aún así no haces nada.

¿Nunca habéis estado tan hartos de todo que no teníais ni ganas de cambiarlo? ¿Cuando las fuerzas desaparecen, la ilusión se pierde y todo a vuestro alrededor se convierte en una gran mierda que os devora desde dentro?

Quería gritar. Gritar hasta quedarme sordo. Hasta que al mundo le sangrasen los oídos. Hasta que la última de las almas se estremeciese con mi lamento.

La impotencia te invade. Primero trepa por tus piernas dejándote inmóvil. Sube por tu estómago cerrándolo con un nudo de náuseas hasta que llega a tu garganta donde ahoga tus gritos de ira y por fin cubre tu mente haciendo que toda luz, lógica, idea o razonamiento desaparezcan. Te ciega. Te envenena.

Eres un ser bloqueado.

Impotencia.

Si respirar no fuese un acto reflejo la impotencia te ahogaría.

La ira te embalsamaría.

Y el hastío sería tu tumba.

Una momia en vida.

f

Pensadores con tutú azul

Sabina y Rimbaud me despertaron.

Me sacaron contra mi voluntad. Los demás aguardaban en la cervecería.

- ¡Os daba por muertos!- Saludó el dueño tras la barra.

-¡Hey Dalí! Ponte dos monas.

(Nadie sabía como se llamaba, algunos le apodamos Dalí por las obvias dimensiones y puntas de su canoso bigote. Los vasos de litro ahora tenían un mono dibujado con un ridículo tutú azul. Patético.)

Sentados en algún rincón.

- Un brindis por la sobredosis.- Lex.

Cerveza derramada por la mesa.

- Caras grises las nuestras.- Rimbaud sacó un par de petas.- propongo una ronda con asociación. Figuras célebres, pintores, escritores filósofos y sus obras.

-¿Tu qué pretendes matarnos?- Max.

- Tal vez.

El juego era simple. Dices un nombre, das un tiro, un trago y pasas el doblón al siguiente que tiene que decir una obra de esa persona utilizando la última letra de su nombre. Hasta que te vuelva a tocar aguantas la respiración...

- En fin, acepto- Sabina, ausente.

Picasso se fue a mear.

-Empieza.- Le pide Lex a Max.

- Poe.- Tiro, trago y me lo pasa.

- El pozo y el péndulo.- Tiro, trago. Paso a Lex

-¡Joder!... ¡Oscar Wilde!- Tiro, trago, pasa a Sabina.

- El gigante egoísta.- Tiro, trago, pasa a Rimbaud.

- Aldous Huxley.- Tiro trago, Pasa a Max que estaba casi azul.

- ¡Joder! No hay nada con “Y” .Serás capullo, dijo respirando al fin.

Picasso volvió del baño.

- Tíos... Han borrado la pintada. Y...-Prefirió callar.

No sólo habían borrado la pintada. Habían dejado una instantánea de las tetas de Maestra en su lugar. Antes de que usurpasen su cuerpo. Antes de marcarla.



Desayuno con Donnut’s

Me desperté lo más pronto que me permitió la resaca.

El sol brillaba con una luz ácida y con tanta fuerza que parecía estar haciendo un manifiesto acerca de su poder y reinado.

Como odio la primavera... Tan cálida...

El pueblo estaba vacío, o al menos a eso jugaba. No era muy temprano y aún así no me encontré con nadie camino del sótano.

Silencio ensordecedor

Entré en una pastelería, pagué un donnut’s y me llevé la caja. ¿Cómo puede la gente llegar a ser tan cándida?

Las calles seguían silenciosas y solitarias.

Me crucé, por fin, con una pareja de ancianos, tan arrugados como la vida misma. Y una extraña soledad me invadió. Casi desolación.

Podría haberse tratado de un pueblo fantasma, podrían haber estado todos muertos, la ciudad entera podría haber dejado de respirar por la noche, sin que, en ningún rincón del mundo, se hubiesen dado cuenta, era como estar dentro de una película de Kubrik. Me vi desde el aire, en medio de la Avenida Principal completamente desierta. A lo lejos graznidos metálicos.

Era como andar por un escenario, y por unos segundo fui la estrella de la película, vagando por mi secuencia, el jodido amo de... Hasta que de pronto, salidos de la nada, inundaron las calles. Estaban por todas partes. ¿Acababan de llegar o llevaban ahí todo el tiempo? No supe decirlo. Su aparición había sido tan extraña como su ausencia.

Llegué a casa de Picasso. No entré.

La puerta se abrió.

- ¡Dios!- Exclamó su silueta poniéndose las gafas de sol.- ¿De dónde ha salido tanta luz?- Bajó las escaleras del porche.- ¡Eh! ¡Capullos! ¡Qué alguien apague eso!- gritó al cielo ¡Joder! ¡La leche!

- Buenos días artista. ¿Un donnut’s?

-¿Eh?- Me miró subiéndose las gafas ligeramente.- Ah! Joder tío, lo siento. Sigo sobado. -Se frotó la cara. –Gracias. ¿Cual te has levantado?- Preguntó metiéndose uno entero en la boca.

Caminamos

-¡La de 24!

- ¿Mentipf puato?- Masticó. Tragó.- Anda cabrón dame otro. Te podrías pasar más a menudo por mi castillo ya que vienes con el papeo.- Dijo limpiándose el azúcar de la camisa de cuadros.

-¿Ese no es Lex?- Una silueta oscura salía por la puerta de un jardín.

- ¡Hey! ¡Vampiro!- Me quitó la caja- ¡Qué vas a derretirte!- se acercó a él.-¿Un donnut’s?

-¿Quién y con qué derecho a quitado las nubes?- Dijo poniéndose unas gafas.- Chulo el self selrvice que os traéis.- Añadió cogiendo uno.

Cuando llegamos al sótano los demás ya estaban ahí.

-¡Por favor, que alguien me de un poco de ese café!- Pidió Picasso.

- ¡Donnut’s!- Exclamó Rimbaud saltando del sillón como un resorte.

- El muy cabrón se ha birlado la de 24.- Dijo Picasso desplomándose sobre un colchón.

- Buenos días hermanos. ¿Bollería recién hecha?

-¡Por fin! – Suspiró Lex quitándose las gafas- ¿Qué cojones le ha entrado al sol?

Sabina trajo los cafés. Puse los donnut’s en el centro y nos sentamos a desayunar. Una “familia feliz”

- Tíos, me paso más tiempo aquí que en mi propia casa.- Dijo Max sirviéndose el segundo café.

- Si es una indirecta

dispuesta está la puerta.

- Estamos irascibles ¿Eh?- Sabina le dio un codazo al poeta.

- No la liemos ¿vale?.- Imploré pillando otro donnut’s.

- Nervios...- Sabina.- ¿Qué sabemos de Moe?

- ¡Dos lobotomías!- Dije elevando la taza a modo de brindis.

- Esto es de película.- Lex se levantó y puso la cámara en la cómoda.

- Sí, pero de clase B.- Rimbaud.

- Esa es la dosis de pesimismo que necesitamos. Gracias Poeta.- Picasso.

En ese momento entró Alien. Se nos quedó mirando desde el quicio de la puerta, bostezó y se dirigió al colchón, dio un par de vueltas y se tumbó hecha un ovillo.

-Eso hermanos míos,- anuncié encendiendo un piti- eso es vida. Esta cabrona tiene la vida resuelta, le damos de comer, perdió la virginidad cuando le vino en gana, se pasa el día durmiendo y correteando... Si... Esa perra vive como una reina.

- De mayor quiero ser perro.- Dijo Picasso acercándose a Alien.- Hazme un sitio pequeña, que no he dormido suficiente.- Y se tumbó acoplado a su lado como una pieza de lego.

- He ahí uno que ha pillado el mensaje.- Max.

- Vive como perro y te trataremos como perro ¡Pilla!- dije lanzando un donnut’s. Lo pilló con la boca.- He ahí al mejor amigo del hombre.

- Vivir como perro...Todo el día oliendo culos...- Lex.

Risas obvias.



La última cena

Sentados frente al inmenso televisor devorábamos todas las viandas que la madre de Lex había preparado.

Se había ido el fin de semana.

Pero la traición no tiene porqué venir de la mano de un amigo.

No tiene porqué cantar el gallo.

Vino a raudales. Reserva.

Recuerdo fragmentos de esa noche. Risas. Fundido. Doblones rulando. Fundido. Yeats, Séneca, Munch y su grito. Fundido. El vino era impresionante. Deliciosos placeres los de la vida, que con cada trago nos confunde la noche con el día. Fundido. Fármacos. Música. Mi cara blanda en el espejo del baño. Fundido. ¡Oh! Dios mío que semblante, ¡Apartaos! ¡No dejéis que me espante! Fundido. Max conmigo en la cama. Susurros etílicos.

De su casa al Nexus.

El último baile

Ritmo. La mierda cerebral nos golpea la cabeza. Sonrisas. Cuerpos danzando. Fundido. Sabina abrazándome. Rimbaud me pide un baile.

La traición puede servirla el exceso.

El gallo puede ser una puta.

Una lobotomía no te incapacita.

Bajábamos la cuesta del sexo.

Un tío tratando de camelarse a una de ellas.

Rubia.

Rizos.

Botas rojas de vinilo.

Les dejamos atrás.

Ella comienza a reír.

De pronto, de la nada, salen cuatro figuras. ¿Del callejón... De detrás de los coches?. Me doy la vuelta.

El tío de la puta corre hasta Sabina y la coge por la espalda: Sliver.

Un grito de pavor sale de su garganta y rasga la noche.

Siento un fuerte golpe en la cabeza.

Veo como empujan a Lex contra la acera. Tropieza, cae al suelo junto a un coche. Patadas. Se tapa la cabeza con las manos. Trato de llegar hasta él cuando oigo un grito a mi derecha: Un bate contra el estómago de Max, su cuerpo se dobla y cae al suelo raspándose la cara contra el asfalto. Más golpes. Gemidos.

Rimbaud grita mi nombre y corre hacia mi. Unos brazos le detienen agarrándole por la espalda. Me giro: Mono a mi espalda. Picasso le rocía la cara con un spray rojo. Empujan a Rimbaud contra el coche. Golpes metálicos. Cristales rotos.

Quiero ir hacia él.

Me va a estallar la cabeza.

Lex se incorpora. Veo su cara, grita algo, estira el brazo hacia mí: un bate me frena golpeándome la tripa, la espalda. Caigo al suelo. Bocabajo.

Rimbaud: un escorzo sobre el capó.

“¿Dónde está Max?” Tumbado sobre el suelo.

Lex se incorpora, va hacia el coche.

Picasso corre hacia Sabina que forcejea con Sliver.

Una patada en el pecho de Lex: cae a los pies de Rimbaud.

Los ojos de Max clavados en los míos. Le sale sangre de la boca.

El mundo gira demasiado de prisa. Les veo moverse en círculos.

Quiero levantarme.

Un insulto.

Un disparo.

Un grito de mujer.

Picasso se desploma antes de llegar a Sabina.

Fundido.

Rizos rubios.

Pelirrojos.

Olor a sangre y perfume.

Maquillaje.

Voces lejanas.

Fundido.

Botas rojas, negras.

Medias.

Alguien llama a un ambulancia.

Fundido.

Negro.

Negro.

Negro.

El Último Escenario: EL Cementerio.

Personajes: Rimbaud y yo.

-¡Mort!

-¿Rimbaud?- Me di la vuelta. Era él.- ¡Rimbaud!- Nos abrazamos en silencio y fuimos a sentarnos sobre el tejado del panteón. A la derecha la tumba de Andrea donde nuevamente estaba su lápida.

- Se terminó dijo él.

-¿Qué nos ha pasado? ¿Dónde se han metido?... ¿Dónde está...?

- ¿Max?

- Sí,- contesté- Max... Ayer pasé por su casa y estaba vacía. Hay un cartel de “Se vende”.

- Se han marchado, toda esta historia ha sido más fuerte que su madre y lo de Picasso la guinda del pastel.- Sacó medio doblón y me miró dubitativo.

-¿Por los viejos tiempos?- Pregunté en un susurro.

- Como broche final.- Comenzó a quemar la pieza.

- Pero... ¿ Cómo... Tan rápido?

- Los rumores son como la pólvora en los pueblos pequeños y más si es en este apestoso agujero, van a tener algo de lo que hablar durante los próximos veinte años de sus vacías existencias. “El peligro de las bandas”- dijo con voz burlona- Dame un piti.

-Sí, claro- Saqué la pitillera de Max, el regalo negro de Max, “¿Cómo era posible?”

- ¿Me lo das o no?- Preguntó dándome en la cabeza.

-¿Eh?... Si... Toma, estaba...

- ¿Cómo estás Mort?- Me preguntó con sus inmensos ojos verdes y su voz sincera.

-¿Cómo estoy?... Estoy vacío amado poeta, por fin estoy completamente vacío.

- Tu pequeño reinado ha tocado a su fin.- Dijo rulando.

-¿Reinado?

-¡Vamos Mort! Siempre fueron tus súbditos, formaban tu rebaño, eran como borregos.

-¿Borregos?

- Sí, bo-rre-gos.... Pero les agradaba, de no ser así se habrían marchado mucho antes.

Comenzó a amanecer.

-¿Les? ¿Y qué hay de ti?

- Nunca fui súbdito, y menos aún tu borrego. Era tu amante, tu amado poeta, por eso me quedé.

-¿Cómo puedes amar a alguien tan mezquino?

-¿Mezquino?- Secó la pega- No, no eres mezquino, tan sólo eres una sombra que no comprende la vida y por eso quiere dominarla. La pelea no fue culpa ni consecuencia tuya, habría pasado lo mismo si no hubieras estado. Un día trataste de tomar las riendas y se te fue de las manos.

- ... Lo siento, siento el daño que he causado.

-¿Pero es que aún no lo comprendes?- Se llevó el peta a la boca, no lo encendió.- Ellos necesitaban un líder, alguien que pensara por ellos, alguien que les diera palmaditas en la espalda y les indicara el camino de la evasión. Sin ti tenían que enfrentarse a la realidad y a sus propios problemas. Eran tus jodidos súbditos, pero dentro de sus límites,- encendió el doblón- nunca habrían llegado hasta el final. Y ese vacío que sientes es porque por primera vez estás solo, te han dejado solo porque no pudieron seguirte más allá de sus fronteras. Por eso tu vacío ya no es ese sentimiento extraño que te asaltaba y te invadía sin previo aviso, porque no comprendes al mundo que te rodea o él a ti; ahora es la soledad por haber perdido todo aquello que poseías.

-¿Me quedas tu?

-Mort.- dio una profunda calada y me lo pasó, nos rozamos un segundo que pareció una vida entera,- no me tientes.- El sol hacía que sus mejillas resaltaran el verde de su mirada.

- ¿Me estás diciendo adiós tu también?- Pregunté aspirando el humo que ya no me sabía tan delicioso.

- No, te estoy diciendo que esta vez no puedo dejar que me arrastres. Seguiré aquí, ya te lo dije una vez, siempre estaré aquí. Pero no podrá ser como antes, esta vez no.

Silencio.

- Ojalá fuésemos realmente el Sueño de los Muertos. Pero sé que no podemos ser tal cosa, estamos jodidamente vivos, al menos por ahora y es lo único que tenemos...- di otro tiro y se lo pasé- Aquel disparo... No supe reaccionar a tiempo, no vi de dónde venía... Amo la vida Rimbaud, eso me lo has enseñado tu, pero no puedo vivirla así, no en estas condiciones, así no puedo levantarme.

- ...No te entregues a Ella.- Susurró.- Por favor no lo hagas.

- No lo haré.- Le pasé el brazo por encima del hombro- Aún no.- Se recostó sobre mi.- Veo que no soy el único que se ha perdido en la densa niebla. ¿ Qué puedo para ayudarte poeta?

- Quitarme este dolor.

-¿Dolor?

Se incorporó. Fumó.

- Dolor porque no debo amarte y eso es lo único que quiero hacer.- Me dio el doblón- No, no eres el único perdido. No puedo seguir fingiendo que estoy bien, que lo sé todo que nada me afecta y que tengo todas las respuestas.

- Nunca te he pedido que lo hicieras.

- Pero es lo que necesitabas.- Dijo bajando la cabeza para ocultar las lágrimas.- Era mejor si el dolor residía sólo dentro de uno.

Silencio.

-¿Seguiré vacío?- Pregunté al fin.

- Mort, ¿Dónde estabas cuando te necesitaba?- Preguntó levantando la mirada.- Ya no lo puedo soportar.

- Mi amado poeta.- Le abracé y hundí mi rostro en su alma.

Comenzó a refrescar.

- Déjame llenarlo.- Susurró separándose.

-Mi amado poeta,-dije tomado su rostro.- ¿Correremos el riesgo?

-Como broche final.- Dijo besándome.

La última escena.

Sentado sobre el tejado del panteón veo como nace la noche mientras escribo estas palabras.

Supongo que tiene razón. Todo ha terminado.

Mis hermanos han desaparecido como humo en la niebla. Max se evaporó, ni una nota, ni un adiós, ni una explicación.

A Lex lo han cambiado de instituto, somos un “mala influencia” los unos para los otros. Hace semanas que no le veo.

La última vez que vi a Sabina comprobé con mis propios ojos como Maestra había abandonado su cuerpo finalmente. Acabamos discutiendo porque nunca he ido al hospital a ver a Picasso, lo siento, no tengo el valor suficiente, de todos modos, no creo que se de cuenta de quién le visita y quién no.

... Y Rimbaud, mi amado poeta ha cumplido su promesa. Tras ese amanecer se apartó, no del todo, pero sí lo justo como para que tenga que levantarme solo.

De vez en cuando nos encontramos por la calle, nos miramos, pero parece que ya no tenemos palabras. Me sonríe, le sonrió y reanudamos nuestro camino. Sin embargo... Le he visto hacer algo: Las pasadas tres noches le vi bajo mi ventana, no sube como hacía antes, simplemente se queda ahí abajo, con las sombras de la noche sobre su cuerpo, mirando hacia arriba. Tal vez salga al balcón una de estas noches, tal vez eso sirva de algo. Tal vez entonces suba a mi balcón y podamos comenzar de nuevo, y volver a nombrar el mundo... Si es que nos queda algo por empezar.

Ante mi se expande el inmenso océano de laberintos, no sé si podré llegar hasta la orilla.

Definitivamente los personajes han salido del sueño. Se me han escapado y no creo que sea capaz de volver a tomar las riendas.

Atrapado en mi propia trampa de confusión e inconformismo que he adornado de soledad.

No quiero gritar eternamente.

Necesito salir de este lugar. Noto como se me agota el aire dentro de este pozo de vacío que me corroe. Abrir mis alas y





no somos angeles..........................4

-CUATRO-


Movida

Llego al sótano. Tarde.

La escena:

-¡Mort! ¡Menos mal que has llegado!- Max.

-¿Qué?.. Fui corriendo al salón.

-Veníamos del 24 Horas. Nos los encontramos de frente... Conseguimos escapar, pero la pelea fue inevitable.

Max tenía el labio partido y un ojo morado. Rimbaud tenía aún manchas de sangre en la cara, le habían roto la nariz. Sabina, parecía ilesa, Picasso tenía un par de moratones en los brazos y Lex tenía dos cortes en la cara y las manos amoratadas.

- De repente estábamos rodeados- comenzó Lex- no sé de dónde coño salieron. Vi como Max volaba contra el suelo y lo siguiente fue la cara de Sliver encima de mi con la navaja en la mano.

Corrí hacia Max, hacia Rimbaud... Me quedé paralizado. Sabina me dio un algodón del botiquín y el bote de alcohol.

-Encárgate de él.

-Fue Slup, me lanzo con la ayuda de J.J.- Max en mis brazos. Alcohol.- ¡Ah! ¡Joder como escuece!

- ¿Quién te partió la nariz poeta?- Pregunté.

-Mono, quién si no él.

- Esto es demasiado Mort.- Sabina- Slup me apunto con una pistola.

- ¡Qué?

- Me recorrió de arriba abajo con el cañón.- Dijo temblando.

-¡Joder! Ven aquí..- No podía moverse.

- Eso no es todo.- Picasso.- Ese hijo de puta le arrancó la camiseta.

-¿¿Cómo??- Dejé a Max recostado junto al poeta y fui hasta Sabina. Se hundió en mi. Ahora era ella la que necesitaba un refugio Me abrazó.

- Sliver le ayudó.- Dijo ella sin dejar de abrazarme.- Me... Tenía esa navaja..- empezó a llorar.

- ¿Qué te hizo?- Se separó de mi. El rostro enmarañado, lágrimas. La tomé por la cara.- ¿Qué demonios te hizo?

- Esto.- Se bajó la cremallera. Sus pechos... Llenos de cortes, surcos, arañazos, sangre, moratones, más cortes...- Rompió a llorar de nuevo. La abracé, y deseé con toda mi alma que ese abrazo la curase, que borrase las marcas, que la sanara.- Y... – comenzó a decir entre sollozos.- Y... las cicatrices... ¡Joder! ¡Me han destrozado para siempre!

- Tranquila bella dama.- dije meciéndola.- Tranquila, no pienses, nada se queda para siempre y te juro que esto no va a quedar así.

Una pistola. Una navaja.

Marcada para siempre.

Marcados para siempre.

Almas heridas.

Pasamos la noche en el sótano. A salvo. Nadie sabría encontrarnos ahí.

Pero apenas pude dormir. Entre mis pesadillas apareció Andrea, vi como la muerte se la llevaba, vi toda las escena de nuevo. Resulta tan fácil que parece imposible. El único acto realmente íntimo de cada ser: morir.

Me invadió una sensación que ya había tenido antes. No habrá un final feliz. Les quería tanto, a todos... Todos nos queríamos tanto... Por lo que cada uno es, no por aquello que representa para nosotros. Nos habían dado donde más nos podían dañar.

¡Joder!

Dos días después comenzábamos a cicatrizar. Por dentro y por fuera.

Regalo

-Max...

-¿Si? –Preguntó dándome una taza de café.

- ¿Por qué ha de ser siempre así?

- No lo sé. Tío, no me digas que has vuelto a emparanoiarte.

-No.- contesté jugando con la cucharilla.- Es sólo que estaba pensando en nosotros, en el gordo y en todo este puto asunto que es vivir. Eso es todo.

- Anda, hazte un canuto.- Dijo lanzándome un paquetito.

-¿Qué es esto?

- Ábrelo.- Contestó bebiendo.

Me regaló una pitillera como la suya de plata y un mechero, pero de color negro, exactamente iguales pero en colores opuestos... Opuestos.

Lentamente fueron apareciendo los demás.

Pero su presencia no me confortaba.

Antes de la media noche me piré.

Había una carta esperándome:

“Te veo cambiar,

desde el abismo me observas,

tus ojos se han tornado negros,

negro por dentro, negro por fuera.

Has perdido tu fuego.

Has perdido tu fuerza.

Una trampa más vieja que el tiempo.

Una mentira de gritos mudos.

Te deslizas.

Te escurres.

Te escondes en la oscuridad.

Te veo cambiar.”

Mi amado poeta.

Dolor simbolísta.

f



Yo

De nuevo a solas, en compañía del silencio, la claustrofobia y arropado por la oscuridad. Solo.

Demasiados pensamientos, a veces Rimbaud es demasiado sincero.

Me tomé un par de fármacos y desnudo me tumbé en la cama.

Aquella noche soñé con Max. Soñé que le perseguía hasta un acantilado. Se ponía frente a mi y a pesar de sus gritos le pegaba un tiro entre las cejas. Veía su cuerpo caer inerte hacia el agua y tras un destello volvía a estar en el acantilado. Pero esta vez había algo distinto, oía voces, risas a mi alrededor, sentía el aliento de los que hablaban pero no lograba entender lo que decían. Niebla azulada. Estaba solo pero rodeado de sonidos incomprensibles. Frío. Cada vez eran más fuertes, casi gritos, carcajadas y estruendosas palabras carentes de sentido invadían mis oídos. Otro destello. Me encontraba desnudo tendido sobre un campo de violetas rojas y moradas, el cielo era del color de la sangre y sobre mi caían plumas negras.

Max se me acercaba despacio, se detenía a mis pies, me señalaba con el dedo y comenzaba a reírse, su cara se desfiguraba grotesca hasta desvanecerse. Entonces el suelo se transformó en agua. Flotaba sobre el mar, hacia el horizonte. El cielo era denso, oscuro, se movía... Un ejambre se acercaba a mi desde lo más alto y de nuevo caían sobre mi plumas negras, heladas y suaves plumas negras.

Mi propio grito me despertó.

Empapado en angustia me encendí un cigarrillo. El humo invadió mis pulmones y la nicotina comenzó a hacer su efecto. Una lágrima furtiva resvaló por mi mejilla al acariciar el mechero. Suspiro. No era el momento de ponerme sentimental. Otra vez no.

Me levanté y fui hacia la ventana. La ciudad dormía, poco a poco la quietud me fue tranquilizando. Calles solitarias. El silencio me martilleaba los oídos. Pero era más reconfortante que las pesadillas de farmacia. El humo creaba sombras translúcidas en la alfombra. Parecían serpientes zigzagueando, seres de las húmedas tinieblas acechando desde el suelo. De mi boca escapaban aros de inconformidad... Estaba más puesto de lo que creía.

Sótano

Quedé con Max antes que con el resto. No pude dormir después de aquel sueño. Me pasé la noche pensando en él, en hacerlo mío una vez más.

Encendí un par de velas y esperé a que llegara.

Nunca había sido así. Nunca hasta esa noche habíamos sentido y dado tanto. Y con cada caricia sentía como se me escapaba de las manos...

A media noche llegaron los demás.

- Saludos. Dijo Lex entrando.- Siento el retraso, me he quedado dormido.

- ¿Qué puede esperarse de un vampiro?

- Habrá que crear un poco de ambiente.- Poeta poniendo música- Menudas máscaras de velatorio lucimos todos.

- Hay que ponerse a pensar.- Sabina con cuello vuelto.- Tenemos que hacer algo.- Yo no puedo con todo esto.

- Ayer me pillé una mierda digna de recordar y que espero jamás se repita. La cantidad que le darías a un niño me hizo flipar tanto que creí que el día de mi juicio final había llegado.- Sabina me miraba desesperada.-Me ha hecho pensar, tengo una idea que nos haría ganar tiempo.- Saqué la mierda del bolsillo. Un veneno multicolor.

- Me he perdido.- Picasso.

-Moe tiene PCP, supongo que mezclado con esto los tendremos fuera de juego una temporada.

- Flipas.-Picasso.

- ¿Se te ocurre algo mejor?... Pues entonces. Créeme nunca lo he pasado tan mal dentro de mi mente, alucinarán durante días y con un poco de suerte los entuban.

-¿ Y si nos pasamos?- Picasso.

- ¿Crees que me importa?

- Yo ya he perdido mis valores morales.- Sabina con la cabeza entre las manos.

- Tienes razón.- la abrazó.

- Se nos va de las manos..- Rimbaud.- Y lo peor es que me da igual.- Encendió un doblón..- ¡Por la sobredosis!

- Que le den por culo al mundo- Lex- Bien me gustaría que estos colmillos fueran reales.

- Max, acompáñame a ver a Moe. A ver que puede hacer con esto.- Le robé el doblón - Cuanta razón tenéis poeta, ¡Qué le den por culo al mundo!

Nos pusimos las ruedas y fuimos camino del garito de Moe.

El mundo de las drogas es una telaraña.

Basta con conocer a un par de arañas.

Todos tejen la misma. Es sucia. Oscura.

Trabajan como las abejas en su colmena.

Hay una reina.

Hay que conocer a la reina si quieres seguir vivo.

Hay que saber tratar a las obreras si quieres ganarte a la reina.

-¿Acaso no dicen que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas?

- Comienzas a darme miedo, Mort.

- ¿Comienzo?

- Venga tío, no empieces, me refería a tu retorcido plan.-Contestó poniéndose a mi lado.

- ¿ La Avenida o la Principal?

- la Avenida.- Y nos deslizamos cuesta abajo por la calle del cementerio.

- Sabía que te referías al plan, pero de todos modos hay algo que nunca me has dicho.

-¿El qué?

- ¿ Cómo pretendes que lo sepa si nunca me lo has dicho?

- Si te inquieta algo al menos sabrás de qué se trata ¿No?

- Es...- Me detuve frente a la cancela de nuestros antiguos dominios.- Hay algo en lo más profundo de ti que no logro comprender, hay una parte de tu laberinto que nunca me has dejado ver.- Dije mirándole a los ojos.- ¿No lo echas de menos?- Pregunté señalando las frías lápidas que dormían con un ojo abierto y silenciosas al el otro lado.

- Sí, pero no tenemos mucho tiempo, venga.- Contestó dándose la vuelta.

Rodamos

-No te oculto nada.- Dijo al girar la curva de la iglesia.

-No digo que me lo ocultes, sino que no me has dejado verlo, tal vez no lo entendería...

- Pregúntamelo, Pregúntamelo Mort.- Dijo adelantándome.

- ¿Qué?...- Fui tras él pero no le alcancé hasta el parque.

- Aquí estoy- Susurró cuando me detuve ante él.

- ¿ Qué demonios querías decir?- Pregunté cansado

- Necesito que me lo preguntes, de la misma manera que necesito preguntártelo yo.

- Comienzas a hablar como yo.- Dije con una sonrisa forzada.

- Vamos... Hazlo, tampoco es tanto...

- ¿Por qué yo Max? ¿Por qué irrumpiste en mi laberinto de la manera en que lo hiciste? ¿Por qué te has enamorado de mi, por qué yo....? Y ¿Por qué sigues aquí?

- Por que aquella noche, la primera vez que hablamos en mi casa, fuiste sincero conmigo, por que en medio del caos que creas a tu alrededor logré comprenderte por que tu me dejaste, por que quería quererte y tu necesitabas a alguien que te quisiera.

- Gracias.- le dije acariciando su cara.

- ¿Y por qué yo Mort? ¿Por qué me dejaste entrar en tu vida?

- Vi más allá de tus ojos, vi al niño asustado, vi un alma pura que podía entenderme y decidí aceptar el riesgo.

-¿Con todo lo que conlleva?

- Con todo...- Dije acercándome a él.- A pesar de todo el peligro...- Susurré besándole. Me apretó contra él hasta que pude sentir los latido de su corazón en mi pecho.

- El niño eres tu,-me dijo separándose- el niño que lucha por comprender una vida que no entiende- un beso- pero ahora no tenemos tiempo, Moe espera.



Piratas en el barco de Moe

Esa vez que fui con Max se oía una música de fondo que provenía del cuartucho detrás de la cortina de bolitas rojas (fondo derecha)... Lo que guarda ahí es un misterio... La música podría haber sido turca, india o japonesa.

-¿Qué va a ser?- dijo tras la barra. (frente a la entrada, izquierda)

- Dos con hielo para empezar- dije- y un negocio.

- Negocios ¿eh?- Dijo con su voz quebrada.- ¿Qué tenéis esta vez?

-Beneficios para amabas partes.- Le contestó Max.

Moe resopló arqueando las cejas.

Puso el whiskey.

Sabía bien. Sabía a venganza.

- Nosotros te damos al pez y tu haces que muerda el anzuelo por el precio que quieras.

- Ya. ¿Quién es la víctima?- Dijo encendiendo un cigarro.- ¿Vuestro antagonista habitual?

- Él...- comenzó Max.

- Ya.- Le cortó.- ¿Qué fin perseguís?

- Necesitamos tiempo.

- Tiempo... Pero el tiempo no es barato pequeños amigos.

-Moe, lo digo en serio.- dije- Esta vez va en serio.

- Siempre va en serio Mort. No hay negocios para niños.- Dijo dándose la vuelta para coger la botella.- La vida de la más vil de las criaturas siempre es va serio.- Nos sirvió de nuevo.- Tiempo queréis...

- Un par de días.

-Ya... Tengo unos cuantos frascos de tiempo, si queréis ketamina...

- Me da igual Moe- dije- tu haz que se coman la mierda.- Le di lo que me sobraba de mi dosis.

- Menuda mierda te metes. –dijo examinando la bolsita- ¿No se te ha ocurrido nada mejor?.- Me preguntó echándome el humo a la cara.

- No Moe.

-¿Desesperados?- Arqueó las cejas de nuevo apoyando los codos en la barra.

- Utiliza lo que quieras, pero hazlo rápido.

- Uno tiene que cuidar su reputación, amigo Mort. Dame un día, necesito un enlace... Y me pagaréis ahora. No juego a Jeckill y Mr Hyde por vicio.

-¿Cuánto?

Dinero. Apretones de manos.

De regreso al sótano.

- Los caballeros de la noche regresan de las garras de las tinieblas.- Dijo Rimbaud cuando entramos.

- ¿Se va a mojar el culo?- Picasso.

- Sí.- Contestó Max sentándose.

- ¿Y que acontecerá después?

- Yo que sé. Tu hazme un porro. Necesito pensar. ¿Alguien mas quiere un café?- Pregunté.

- Por favor. - Lex.

- Yo también. - Sabina.

- Cambio la pregunta, ¿Alguien no quiere café?- Silencio.-Vale...

-¿Qué habéis conseguido? -Lex

- No se. Mort le dio lo que tenía, tal vez con ketamina...- Max- ¿Qué importa mientras se lo metan?

-¿Y después?- Sabina

- Crisis.- Rimbaud.

- Gracias por el optimismo.- Max

- Es la puta verdad amigo. No hay plan, no hay ideas... Esto se desvanece. Y Ese ha perdido el control.

- ¡Queréis dejar de cuchichear a mis espaldas!- dije llevando los cafés- Moriréis en las llamas de la hoguera. ¡Arpías!- Me senté.- Negro y fuerte como las noches sin luna para el vampiro.

- Gracias verdugo de almas.- Dijo cogiendo el vaso.

- Menudo mote. Con dos de azúcar para Max.

- Café! Café! Café!- dijo sonriendo.- ¿No decías que era un niño?

- En fin... Dos de azúcar y una nube de leche para el poeta.

- Os lo agradezco a pesar de que seáis grotesco. Aquí está su pago.- Me pasó el doblón.

-¿Qué demonios os pasa?... A ver... tres de azúcar y leche.

- Eres las inspiración personificada.- Picasso guiñándome un ojo.

- Me aduláis artista. Una de azúcar y nata montada para la dama.

- El pago lo acordamos luego.- Otro guiño.

- De acuerdo. Y por fin el único café como dios manda.

-Habló el experto.- Rimbaud.

- Que se pone una de azúcar, una turbia nube y se lo bebe de un trago.- Terminó Max.

Tabaco en combustión, humo dulce.

Un momento tranquilo ¡Por favor!

Algo teníamos que hacer. Pero tenía la mente vacía. Materia gris en blanco.

No quería pensar. Quería salir corriendo.

- ¡Tíos! ¿Os habéis dado cuenta de que se lo ha cuadrado?- Me delató Sabina.

- Gracias por compartir querido Hades.- Rimbaud.

-¡Se lo ha cuadrado!- Cayeron todos sobre mi y empezaron a registrarme, todos excepto el poeta.

- ¡Joder! ¡Basta! ¡Capullos!- Me cogieron de las piernas me tumbaron y me inmovilizaron. Agobio.- ¡Basta!- Picasso me agarraba los brazos.- ¡Joder! ¡Soltadme! - Hasta que por fin Sabina encontró lo que buscaba y me dejaron casi desnudo.

- Lo sentimos Mort, pero así son las normas.- Lex

- Quién no comparte

divide su parte.- Sentenció Rimbaud.

Una hora después Por fin la naturaleza les llamó y me dejaron tranquilo.

- Las tripas me rugen.-Picasso

- Aullo por dentro.- Lex

- Comida... – Gemía Picasso arrastrándose por el suelo.

- Hora de cenar hermanos.- Sabina.

- Se posterga la sesión hasta que el jurado se haya alimentado.- Rimbaud saliendo de su rincón.

Y uno por uno fueron desapareciendo sus cuerpos dejando el recuerdo de sus risas en el sótano.

Risas a pesar de todo.

Estaba cansado.

Me recosté. Me quedé dormido.






No somos ángeles... 3

-TRES-

- ¡Dios! Nunca, - dijo Picasso bajando de la encimera- repito NUNCA le pidáis a nadie que os hable de la alimentación de las pirañas. Casi vomito.- Abrió la nevera.- ¡Serás capullo! ¡Aquí no hay nada de papeo! ¿Qué mierdas son estas, queso light, mermelada light, cerveza sin alcohol, brotes de soja?? ¿Tu madre se ha metido en el rollo ese de la vida “sana”? Joder, comida sin comida...

- ¡Abre el congelador capullo!

- ¿Y quién se lo va a quedar?- Sabina.

- Silencio- caras interrogantes.

- Yo puedo.- Max- poco importa en mi casa lo que haga o deje de hacer.

La decepción se asomó a los ojos del poeta

Comentarios

Qué puedo decir al respecto. Si quieres algo cógelo. Deja de esconderte en ese rincón y lucha por tus sueños y deseos. Si realmente quieres algo tendrás que mojarte el culo. Es aquello que más anhelamos lo que mayor esfuerzo nos cuesta conseguir.

No seas cobarde.

Nuevo Escenario en Cuatro Actos

Una escapada... Nos vamos a pelar de frío pero merece la pena. La tía de Maestra tiene una casa en un pueblo a las afueras de la ciudad en mitad de ninguna parte, tierra de nadie. Nos vendrá bien alejarnos de esa panda de mal nacidos y de nuestros respectivos núcleos familiares que lo único que hacen es quejarse e interrogar.

Nos recogieron a las seis de la mañana en una furgoneta del tamaño de un camión. Estaba claro que esa mujer tenía dinero, y además no era nada fea, los atributos debían ser de familia...

Un camino solitario bordeado por radiografías de árboles, el amanecer despertando al mundo, ópera como acompañamiento. La Boheme.

Cuando llegamos el asombro se apoderó de nosotros, ante nuestras propias narices se erguía una mansión fruto del sistema capitalista, de la explotación de los más débiles, de la discriminación, del soborno, la corrupción y seguramente del narcotráfico... Una casa que era un sueño. Era realmente enorme, descomunal y creo que nos hizo sentir a todos pequeños y plebeyos. Habría que aprovecharse...

Nada más entrar nos preguntó cómo queríamos dormir. “En bolas y con ella” ¡Menuda pregunta, como si la respuesta no estuviera clara!

Ecos de asombro. “¿Esos cuadros son originales?” “Flipa con la escalera” “Piscina climatizada”

Primer Acto

Nadábamos con el espíritu de la Belladona.

La lluvia de oro invadió mis ojos, se convirtió primero en río, luego en mar, luego en océano.

El corazón se me salía del pecho.

Me quedé tendido en el bordillo. Las gotas lamían mi cuerpo como millares de pequeñas lenguas, calientes, hirientes.

Sabina: ménade, ardió con Max.

Yo: seguí tendido, un no iniciado, sin danzas, sin cantos.

Segundo Acto

Tormenta

La noche cayó sobre nuestras agónicas almas. El viento parecía batirse en duelo con la lluvia, los relámpagos cruzaban el cielo como mensajeros de la tormenta... Una noche perfecta... La casa estaba silenciosa. Sabina nos despertó.

- Quiero enseñaros algo- Susurró.

Nos deslizamos entre las sombras temblorosas. Con un leve chirrido abrió una puerta que había debajo de las escaleras.

- Mort-susurró,- ayúdame a sacarla. Lex, coge la mochila y coloca las velas en el suelo, el libro explica como hacerlo. – Sacamos la ouija circular que debía tener un metro de diámetro. Suavemente la colocamos en el suelo. Las letras góticas estaban impresas sobre un fondo blanco en el perímetro. En el centro había una gran estrella azul y gris y en cada una de sus ocho puntas las frases imprescindibles, ya sabéis, “hola”, “adios”, “ no sé”...

La colocamos en el suelo, y nos sentamos en torno a ella rodeados por las velas. Sabina encendió un incienso y poco a poco el ambiente fue cargándose de cierto misticismo.

Fuera la tormenta continuaba su batalla. A través de las enormes cristaleras llegaba la luz de los rayos que pasaba por una metamorfosis de color. Violeta, verde, morado. Grave color de invierno exasperado. La lluvia golpeaba los cristales y el viento rugía. Era el cuadro perfecto para lo que nos disponíamos a hacer. Por fin haríamos algo interesante.

Pero qué os voy a contar. Quién no ha tratado de desvelar los secretos del espiritismo alguna vez, quién no ha danzado con los muertos sobre la ouija alguna vez. Quién no ha tratado de comprender aquello que se nos presenta irresistiblemente desconocido.

Si no lo habéis probado no soy quien para desvirgaros en semejante terreno. Investigad y sacad vuestras propias conclusiones. Pensad por vosotros mismos de una vez. ¡Borregos! Sé que en lo que a temas ocultistas se refiere, uno desea ver saciada su curiosidad por medio de otros que arriesgaron el culo antes. ¡Pues no! Lo siento pero yo me niego.

Sin descanso

Otro sueño: azul, blanco y gris

A las Puertas de la Eternidad,

Me desperté lentamente. Todos seguían dormidos. Traté de despertar a Max pero no se inmutó, le besé y me incorporé.

Todo estaba iluminado por una trémula luz invernal que se colaba por las cristaleras formando extrañas columnas oblicuas, parecía como si el mundo se hubiera congelado; El suelo estaba cubierto de polvo de hielo, no se oía un solo ruido, ni siquiera la respiración de los que dormían, su tiempo se había detenido, sólo silencio, vacío, silencio afilado, frío y agobiante... Fui hacia las puertas de cristal que daban al jardín, salí y me encontré ante mi laberinto; los angostos pasillos de mi existencia se abrían ante mi, pero algo era diferente...

Estaba en un lugar hasta ahora desconocido, no sólo para mí, para vosotros también, y es probable que esta sea la única visión que obtendréis de semejante lugar en vida. Estaba en los dominios de la Muerte, mi vida recorría los escarpados riscos de las fronteras del reino de las tinieblas.

La visión: Un laberinto esculpido en piedra negra. Caminos que suben y bajan retorciéndose en ángulos imposibles, el sonido de las aguas chocando contra el acantilado bajo mis pies cortaba sofocante silencio de ese extraño vacío. Agua negra, espuma gris, un abismo por cielo con una sola estrella azul.

Comencé a caminar tratando de alejarme del borde del acantilado, tomaba los caminos de la izquierda, pero siempre volvía al filo del oscuro precipicio. Giraba una y otra vez tratando de modificar mi rumbo. Comencé a correr. Siempre a la izquierda, siempre al punto de partida. Un sudor frío cubría mi cuerpo de perlas de cristal. De pronto La vi, a pocos metros de mí estaba Ella, con su capa raída de terciopelo cayendo sobre su esquelético cuerpo. Mirándome fijamente abrió sus grandes alas y las extendió hacia mí rozándome la cara con las puntas. Sentí como si me cortaran con un cuchillo helado, sentí el frío de la muerte en mí. Un segundo que duró una vida. Plegó sus alas oscuras se dio la vuelta y mientras se alejaba dijo con su voz metálica: “No me tientes Mortimer, muerto no me servirías de nada. Mi amado Mort, no me tientes.”

Comenzó a hacer calor, la luz se hizo más fuerte, me cegó. Volvía a estar en el salón con mis hermanos.

La sensación de soledad que me había acompañado siempre creció tras este sueño. Allá, en los límites de la tierra de la desesperación descubrí la verdad; estaba solo, siempre lo había estado y siempre lo estaría. Completamente solo. Ellos, mis hermanos, no lograrían sacarme del pozo de mi existencia, ni siquiera Max, mi amado Max, ni él, el de la mirada encendida.

f



Divagaciones

Tal vez todos estemos solos, unimos nuestras vidas a las de otros para sacar algo de provecho, lo justificamos llamándolo amor, siendo este el sentimiento más egoísta jamás creado por el hombre. Uno ama para que lo amen, para sentirse bien sin tener en cuenta el mundo que le rodea. Por amor se han cometido todo tipo de atrocidades; traiciones y asesinatos han sido cometidos en beneficio de una de las partes sin más justificación que el amor... Así pues, estamos solos. Yo estoy solo, a pesar de que el amor que hay entre mis hermanos es diferente al vuestro... Lo es hasta cierto punto, yo quiero a Max para mí solo, para llenar el vacío de mi interior, ergo, en mi propio beneficio.

f

Tercer Acto

Palabras con Max

Después de comer Max y yo salimos para dar un paseo, hacía un frío de pelotas, pero necesitábamos estar a solas. Hacía mucho que no conversábamos de verdad. Con él no podía hablar a corazón abierto como con Rimbaud, con sinceridad, son seres muy diferentes, pero me bastaba con que fuéramos honestos.

Fumando y charlando acerca de banalidades llegamos hasta lo alto de la colina y enfundados en nuestras gabardinas nos sentamos bajo un abeto.

- Ha pasado mucho tiempo ¿verdad?

- Sí. – Susurró.

- Ya...

- ¿Qué querías decirme?

- Que me estoy enamorando de ti –contesté apurando el cigarrillo-. Pero que tu pareces cada vez más distante.

- Mort.

- ¿Qué? - le miré.

- Te quiero... Lo de Sabina ha pasado a la historia, está buena, lo reconozco, pero ya no es lo de antes. Contigo es distinto, a ella la utilizaba, bueno, ya sabes para qué.

- ¿Lo dices en serio?

- ¿Crees que sería capaz de mentirte? – Preguntó con sus ojos azabache clavados en los míos.

Pero seguí sintiéndome solo. Tal vez porque ahora sabía que siempre lo estaría, a pesar de lo mucho que me quisiera su amor sería temporal, me llenaría de forma superficial. Aunque me entregara todo su ser, nunca sería para siempre.

Le tomé por el cuello y le besé como nunca antes había hecho. Sí, yo también le quería.

- Se acerca la tormenta, creo que deberíamos volver-dije.

- Sí –dijo incorporándose-, o llegaremos cuando comience el deshielo.

La pregunta

¿Existe el amor sin dolor?

Cuarto Acto

Confesiones I,

Las trivialidades

Esa noche volvimos a encender las velas pero no hicimos más que rajar, ya habíamos tenido suficiente con la dosis del día anterior.

- Os propongo – comencé acomodando mi negra silueta entre los cojines del suelo – un “Sincero hasta el amanecer”. Han pasado muchas lunas desde la última vez. Bien – dije encendiendo el doblón que daría el turno- ¿Qué decís?

- Me parece una magnífica idea- contestó el artista en tono burlón a mi meditada

Pregunta.

- Sería placentero

Conocer tu secreto- Añadió Rimbaud sentándose frente a mí mientras inhalaba copiosas cantidades de humo.

- ¿Sabina, Lex... Max?

- De acuerdo- dijo Maestra entrando en el salón con uno de esos provocativos camisones de satén que acentuaba sus deliciosos atributos y dos botellas de vino.

- Querido Mort –intervino Max- querrías explicarme de qué va todo esto.

- Ahora lo verás- contesté con su mismo tono solemne.-Sentaos pues- pedí a los demás.

Y así comenzó uno de mis juegos favoritos.

- Bueno, como siempre el turno lo dará el doblón en combustión, que uno a uno iremos pasando a la persona a la que deseamos preguntar. Léase que si se quiere fumar hay que responder.

- Vamos que respondes tu primero- Afirmó Lex.

- Muy sagaz la fierecilla nocturna ¿Vas a preguntar tú?

- No veo por qué no- dijo dando un trago a su copa de vino tinto.-¿Cuántas veces te lo has montado con Max?

- Menos que contigo- (Lex es el único que no ha dejado florecer su bisexualidad). Como ya dije antes, la sinceridad no es para los oídos de todos, ¿Para qué contarles la verdad? Max era mío, su cuerpo era mi secreto. Le pasé el doblón a Picasso que estaba a mi derecha.

- Es cierto que tu miembro empalmado

Prince Albert ha catado? - Rimbaud sin duda alguna

-¿Qué has hecho qué? - preguntó Maestra.

-... Es cierto- Contestó el artista llévándose las manos al paquete.

- ¿Estás loco?- Sabina se había sorprendido, de eso no había duda.

- No, no, no querida Maestra- intervine,- él ya ha contestado a su pregunta, si su cordura tanto te preocupa tendrás que esperar a su siguiente turno.-Le hice una señal al artista para que le pasara el peta a la dama.- Por cierto, ¿A qué se debe tan repentina fijación por nuestro hermano pintor?

- ¿Acaso te molesta? - dijo ella.

- Te he preguntado yo.

- Pues se debe a que besa mejor que tu.-(Respuesta femenina donde las haya).

- Siento desilusionarte pero eso no es cierto.- Intervino Rimbaud.-... ¿Qué pasa? Estoy hasta los cojones del verso- Añadió al ver la cara de flipados que teníamos todos.

- ¿Es eso cierto? -pregunto mi amado-¿Se le da mejor al artista?

- Sí.- Afirmó ella.

- Olvídate- dijo robándole el peta a Sabina- he probado a ambos y está más que errada.- Rimbaud

- Gracias- dijo sarcástico Picasso ante la puñalada-. Tu turno poeta amargado.

- Bello calificativo me has otorgado. Pregunta y demuéstranos tu ingenio- Le contestó.

- ¿Con cual de los aquí presentes te acostarías gustoso? ¿Sigues anclado en el pasado?

- Eso son dos preguntas cubista infame, respondiendo a la primera te digo que tu acero púbico no deseo probar.

- Rimbaud... No huyas.-Intervine.

- A mi Boticceli en claroscuro:

“Yo prefiero el espasmo de la hora violenta

El suspiro y la ingenua mirada luminosa

Y una boca que me sepa besar aunque me mienta.” - Se escondió tras su copa de vino.

- No hace falta que sigas- le interrumpió Max cogiéndole el doblón.

- Dejádmelo a mi.-Pidió Maestra.

- En tus brazos estoy bella dama.

- ¿Cuándo demonios te lo vas a montar con nuestro amigo el tétrico?

- Y dale... Tengo que responder ¿Verdad? – Fumando.

- Me temo que sí.-le contesté intrigado.

-... Haced tantas conjeturas como vuestras retorcidas mentes deseen, pero esa imagen que por ellas acecha... Podéis borrarla. -Dijo dando un trago a la copa.

Sonidos de desaprobación. Pero tenían que aceptar la respuesta.

Los restos del delicioso doblón llegaron a las manos de Lex y Max hizo los honores.

- ¿Cuándo vas a estrenar la tan ansiada bisexualidad que todos esperamos? Tu tendencia sexual se contradice con tu naturaleza vampírica

- Contigo cuando desees... -(risas)- No ahora en serio morbosos hermanos, siento deciros que por ahora vuestros apretados culos no me quitan el sueño.

- Creo que ha quedado bastante claro.-Dijo Max liando el segundo. Dudó en pasármelo pero al final parece que aceptó el riesgo.

- Soy todo vuestro arpías de la noche- Dije tras la cortina de humo que manaba de mis pulmones.

- Bien-dijo Picasso- ¿Tanto has cambiado que no tienes ganas de catar el aro metálico que recientemente me he colocado?

- Sinceramente...

- Por mí no te cortes.-Max.

- Ahora que tengo vía libre te diré que antes he de consumir a Max.

- Vale, esperaré sentado, gracias por la sinceridad.

- Pasádselo a Picasso tengo una pregunta para él.- pidió Maestra.

- Concedido mademoiselle.

- Te tengo miedo.- Le dijo él dando varios tiros seguidos al peta.

- ¿Querrías que yo lo probara? - Preguntó lamiendo el borde de la copa.

- ¡Joder con Prince Albert!- Lex.

- Dime cuándo y dónde muñeca.

El polvo del siglo acontecería más pronto de lo que pensábamos, Un polvo humano, lejos del simple instinto animal. Menudo descubrimiento sobre todo teniendo en cuenta que a ninguno se le había pasado por la jodida azotea semejante evento.

Confesiones II

Las verdades

- ¿ A qué tenéis miedo? – Pregunté llenando sus copas- ¿Qué es aquello capaz de desvelaros y zarandear vuestras mentes toda la noche?- Max me miró perdido.

- La pregunta a todos nos implica.- Le dijo Rimbaud.- Osada es tu pregunta. ¿Responderás tu también?

- Es lo justo ¿no?

Sus mentes pensaban.

- A volverme loco.- contestó Picasso.- A no distinguir mis sueños de la realidad y quedarme atrapado en ellos. A crear mi propio mundo y no saber escapar nunca de él...

- A morir sola. Perderos y perderlo todo poco a poco y quedarme sin alguien con quien compartir mi vida.

- A pasarme la vida como un espectador y olvidarme de vivirla y no llegar a ninguna parte.- Lex.

- Yo comparto el miedo del vampiro,- Max,- Tengo miedo a perderme en la vida y no saber alcanzar mis sueños.

- Pues yo temo que mis sueños se hagan realidad.- Rimbaud-¿ Y tu Mort?

- ...A estar cansado de vivir y tener miedo a morir.- dije.

- Miedo a la angustia. - me contestó.

Suficiente por una noche.

A veces nos comportamos como completos seres humanos.

Nos hundimos entre las mantas y alfombras que cubrían el suelo del salón que al final habíamos tomado por dormitorio.

Dejamos de pensar en voz alta. Cada uno con su insomnio. Cada uno con sus demonios.

Cae el telón

pero el paraíso no puede durar eternamente







...no somos ángeles... 2

DOS

La mierda cerebral

Tumbado sobre la húmeda hierba con un canuto en la mano me adueñé de todo lo que me rodeaba, ¡dios! Fue acojonante.

La risa de Rimbaud era cada vez más lejana.

“Unas hadas salieron de la tierra, sí, sí, hadas, y se acercaron a mí, debían ser tres o cuatro. Una de ellas empezó a desabrocharme el pantalón, otra me susurraba guarradas al oído y me mordisqueaba la oreja mientras que la tercera me quitaba la camiseta y me lamía los pezones. De repente, de no sé dónde, salió un elfo con la cara de Max, le dio un puñetazo a la que me había desabrochado el pantalón, pateó a las otras dos y comenzó besando, luego acariciando, y acabó el trabajo con una mamada. Un destello de luz y estaba en un campo de trigo, debía ser verano por que hacía un calor denso y agobiante, estábamos Max y yo, bueno, no era yo, era una tía, la tía con las tetas más grandes y perfectas que he visto en toda mi jodida vida, pero lo más impresionante era que estaba en bolas, y tenía coño, un coño que de no haber sido mío me lo habría comido, pero para eso estaba Max, que no dudó en chuparme hasta el último centímetro y que luego me folló sin pensárselo dos veces... ¡Joder! Nunca me había corrido de esa manera. Otro destello y volvía a estar sobre la hierba”

Los dedos se me habían quemado por el peta desperdiciado, pero había merecido la pena. Max jadeaba tendido a mi lado.

Las risas de Rimbaud me hicieron regresar. Le vi saltando como un loco junto con Picasso. Le aullaban a la luna, chillaban y compartían la botella de whisky. Se perseguían el uno al otro tropezando cada tres segundos, parecían niños, inocentes. Más risas y de vuelta a los aullidos.

Yo

Muchas veces cuando estamos todos en semejante estado les observo lejos de las alucinaciones, les veo reír, gritar, romper cristales lanzando ladrillos (eso le encanta a Picasso, dice que así se inspira, a veces también salta en los charcos) y siento que a pesar de quererles no encajo con ellos. Es ese momento en el que todo se me echa encima y creo que todo lo hacen por cumplir, entonces deseo tener yo un par de alas negras y elevarme hacia el cielo purpúreo en busca de mi laberinto.

La vida es fugaz. Como un relámpago. Cuando empieza ya está terminando.

Así son nuestras noches. Así derrochamos el tiempo.



Mi Venganza

No puedo dormir, ya deben ser las nueve de la mañana y sigo sin sueño. Estoy demasiado excitado. Ayer por fin le di su merecido al mamonazo del Mono. Me lo encontré saliendo de “nuestro” 24H cargado de licores hasta las cejas. Dejé que se alejara de la tienda y me di contra él como si no le hubiera visto. Las botellas se cayeron, “Lo siento.” Le dije, me agaché para ayudarle y le di con el licor de melocotón en la cabeza ¡Menuda brecha le hice! Repetí el golpe (2 veces) y cayó al suelo como en las películas aunque con mayor estruendo. Le llevé como si de un borracho se tratase (no sólo por el olor del líquido derramado) hasta la moto que había robado la tarde anterior. En 45 minutos y con algunos problemas de equilibrio llegamos al puente que cruza el apestoso río en las afueras, por el que además pasa la vía del tren. Aún no había amanecido. Le desvestí por completo ¡Joder qué si la tenía pequeña! Hasta un niño de tres años está mejor dotado. Saqué la cuchilla de afeitar, (no soy Macgiver, pero ya lo tenía pensado) y aunque me costó acabé con su rizada cabellera y con el pelo del pecho, causante de tan “viril” seudónimo.

A pocos metros de él hice un montoncito con su ropa y la empapé con el orujo para luego prenderle fuego; Y allí lo dejé, a un lado de la vía, no tan cerca como para que lo atropellasen pero lo suficiente como para que se llevara el susto de su vida, tendido boca arriba. Le pillé el tabaco y me encendí un Lucky en su honor y volví a casa de Max a toda velocidad.

Su venganza

¡Un desafío! ¿Qué demonios se ha creído esa panda de mocosos? ¡Desafiarme a mí y a mis hermanos? ¡Pero que esto no es una pelicula! Tal vez hayan perdido realmente el norte o les vaya todo eso del rollo masoquista, porque si no es eso, no sé que cojones se ha cruzado por sus estúpidas mentes. ¿Un desafío? Aún no lo comprendo. ¿Qué coño pretenden? ¿Qué saquemos las espadas y nos batamos en duelo al amanecer? ...Viéndolo así no es tan mala idea. Lástima que esto no sea Francia ni vivamos en el siglo XVI...

Esos idiotas le pasaron una nota en clase a Picasso en la que me decían que especificara la hora, la fecha y el lugar. Por lo menos han tenido el detalle de darme a elegir el supuesto instante de mi muerte. No lo entienden, yo decidiré el momento de encontrarme con mi Amada... Carece de sentido, acaso no se da cuenta ese atajo de ineptos de que eso es exactamente lo que quiero: morir. Es como que a uno le pregunten cuando quiere ver realizado su mayor sueño... ¿Alguien se negaría a contestar? Siempre he sabido que Ella me llamará en el momento oportuno, así que no será por la mano de Slup que me encuentre con Ella, además hay un problema, somos más rápidos que ellos...

Sólo necesito tiempo para acabar con sus agónicas existencias.

Tiempo...

No tengo prisa, el tiempo se me sale de los bolsillos, si hay algo que poseo en cantidades ilimitadas es eso, tiempo.

Soy dueño de mi tiempo... Algo que sólo unos pocos pueden decir. Piensa. Nuestro mayor tesoro: el Tiempo, ¿Qué somos al fin y al cabo? Almas en cuyo interior late un cronómetro, y sobran las palabras para decir que hay más almas esclavas de su tesoro que capaces de disfrutar de él... Devorados por los hombres grises...

f



Verso;

El escenario: el Cementerio.

Allí estábamos, en la fosa que habían excavado junto a la tumba de la pequeña Andrea, fumando y leyendo poesía. Eso no pueden entenderlo los de la banda del gordo de Slup. Nosotros no somos como ellos, a pesar de no haber sido una idea original nuestra lo hemos convertido en un Ritual. Sí lo sacamos de un guión ¿Y qué? Nos gustan los clásicos.

Una sola vela. Luna llena. La humedad de la tierra envolviendo nuestras almas. Jamás me había sentido tan cerca de la pequeña muerta... Jamás habíamos estado muertos.

-Cerraron sus ojos,

que aún tenía abiertos;

taparon su cara

con un lienzo,

y unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos salieron.- Comenzó Rimbaud.

-¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuelve el alma al cielo?

¿Todo es vil materia

podredumbre y cieno?

¡No sé; pero hay algo

que explicar no puedo,

que al par nos infunde

repugnancia y duelo,

al dejar tan tristes,

tan solos a los muertos! – Contestó Max.

Así transcurrían las noches en la fosa, las noches de poesía en las que sólo podíamos conversar citando a los grandes o versando nosotros mismos. Algo bueno quedaba en nuestro interior...

- Tráelos todos

adonde yo te espero:

siempre estaremos solos,

siempre estaremos tu y yo

solos sobre la tierra

para comenzar la vida! - Rimbaud con una de sus miradas de complicidad.

- Al brillar de un relámpago nacemos,

y aún dura su fulgor cuando morimos,

¡Tan corto es vivir!- Le contesté

- La gloria y el amor tras que corremos,

sombras de un sueño son que perseguimos.

¡Despertar es morir!- Añadió Max.

- Triste cosa es el sueño

que el llanto nos arranca;

Mas tengo en mi tristeza una alegría...

¡Sé que aún me quedan lágrimas! - Intervino Lex sin dejar de liar el canuto que en ese momento era el verdadero centro de atención.

- Llora pues afortunado soñador

en busca de tu esperanza.

Si es que dentro de tu dolor

Diestro mantienes la templanza- Sabina.

- Lejos y entre los árboles

de la intrincada selva,

¿No ves algo que brilla

y llora? Es una estrella.- Versó Rimbaud.

- Las nubes se cierran

¿No ves? Ya no quedan estrellas.

Solo el llanto apagado

De un recuerdo atormentado.- Contesté

- Pero el llanto que por dentro nos rasga

es un llanto condenado a nacer atado.

En nuestras tormentas con las emociones se enreda.

Y nacimiento, atadura y enredo

jamás surgen por la llamada del placer

una verdad que ni los ojos más negros logran ver .- Contestó Lex.

- Llueve como si llorara

raudales un ojo inmenso,

un ojo gris, desangrado,

pisoteado en el cielo.

Llueve sobre tus dos ojos

negros, negros, negros. - Añadió Rimbaud.

En el fondo algo sabíamos de poesía. Esa noche Picasso estaba muy callado, aunque no impasible, llevaba tres días pensando una pintada y se pasó toda la reunión tatuando las mohosas paredes de un panteón.

Soñé con tormentas, con ojos negros, con una estrella verde que agonizaba.

Vida Nocturna

Salíamos del cementerio. El peta iba rulando de mano en mano, parecíamos los jinetes del Apocalipsis, andando uno al lado otro nos dirigíamos al Nexus.

Tuvimos que cruzar el parque a toda hostia, el hijo de puta de O.J. soltó a su perro, un rottweiler del tamaño de una pesadilla. No tengo nada en contra de los perros, pero cuando mi cuello está en juego la cosa cambia. Cogí un par de piedras, la primera ni le rozó, la segunda se desvaneció, pero a la tercera acerté en todo el morro.

-¡Cuida a tu jodido perro O.J.!- Grité tras saltar la verja.- ¡La próxima vez lo mato! ¿Me has oído? ¡Voy a matar a ese jodido chucho! – Golpeé la verja.

“Mariconas de mierda” Fue la única respuesta que obtuve mientras corría detrás de los míos... ¿Sería esa la noche?

Para O.J., su perro: Master, era algo casi sagrado, algunos decían que su fervor por él era tal, que lo había metido en su banda y que todos le habían hecho una paja a modo de ritual de iniciación. Hay que ser gilipollas. Seguro que hasta le han puesto un altar. Sea o no cierto es la clase de cosa que sólo se le puede ocurrir a una de esas imbéciles carcasas sin alma. ¿Es que no se dan cuenta de que están desperdiciando Todo viviendo de esa manera? Claro que, ¿A caso te das cuenta tú?

Odio

Corría tras los míos y el odio crecía dentro de mí como un cáncer. Si hubiera tenido una pipa no me lo habría pensado dos veces. Un odio sucio, irracional, completamente animal. Quería odiarles, quería matarles, acabar con sus latidos, extinguirlos, que nos dejaran en paz de una vez por todas y por toda la Eternidad.

Un poco de ambiente

Tenía ganas de joder a alguien. Me estuve ligando a una tía en el Nexus, pero sólo por el mero hecho de joderla, la provoqué de todas las maneras que se pasaron por mi mente, creo que hasta le guiñaba un ojo, pero de lo que sí me acuerdo es de como le sacaba la lengua y como bailaba con ella. La muy idiota... ¿Cómo pudo caer con una técnica tan barata? Cuando fui a la barra va y me invita a una copa. Le dije que quería presentarle a unos amigos; fui con ella de la mano hasta el rincón donde estaban los demás, la presenté y luego pregunté a su estúpida cara:

-¿No os parece que las tiene muy pequeñas? - Cogí a Rimbaud por el cuello (era el que estaba más cerca) y me enrollé con él entre suspiros, gemidos, y aceleración, de la forma más morbosa que pude...

El resultado:

Nunca la volví a ver... La muy cobarde no se ha atrevido a volver por el local.

Los ojos encendidos de Rimbaud y sus palabras en el oído mientras me seguía abrazando:

- Encantador mío, ten dulzura, dulzura...

calma un poco, oh fogoso, tu fiebre pasional;

el amante, a veces debe tener una hora pura

y amarnos con su suave cariño fraternal.

Sabina entró corriendo. La banda del Gordo de Slup venía por el callejón. ¿Pretendían entrar? Con un poco de suerte O.J. tenía ganas de zurrarme y la noche se tornaría interesante...

Entraron con ese aire de tíos duros que les caracteriza, perdonándole la vida a todos los presentes con la obvia excepción, nosotros, claro.

Se plantaron justo delante de nosotros apoyándose en la barra, J.J. y Sliver llevaron los tickets de consumición a su Amo y Señor, el cual pidió las bebidas tratando de camelarse a la camarera, (cosa que hacía siempre y nunca conseguía), esa rubia tan deliciosa tenía mejores cosas que hacer que montárselo con el seboso de Slup.

Se tomaron su dosis de alcohol como si de autómatas se tratara y dejaron el vaso todos a la vez. Para entonces Sabina se había colocado en el centro de la pista, separando a las dos bandas con el único y simple propósito de provocara a Sliver, un tío peligroso que besaba por donde nuestra Maestra pisara.

De pronto dejé de oír la música, el efecto túnel, los ojos de O.J. estaban fijos en los míos a través de la pista. Miré a mi derecha y vi que lo mismo sucedía con Max y Mono, me di cuenta de que todos nos mirábamos, como en una película mala del oeste, O.J. sacó una piedra del bolsillo, levantó la mano y en el momento en que la iba a lanzar, aquella camarera rubia le agarró por el brazo. Éste se dio la vuelta y ella negó con la cabeza haciendo un gesto que vendría a significar que la bronca era fuera. Yo no estaba dispuesto a salir, el ambiente no estaba lo suficientemente caldeado.

Hice una señal a Lex, este obedeció y fue a la pista con Sabina. Entre terciopelo, cuero y encajes comenzaron su danza que más tarde acabaría con uno de esos besos guarros lleno de lenguas y gemidos para romper el encanto de la situación. Hacía muy poco tiempo que Sliver vagaba con ellos y por lo visto aún no estaba al tanto sobre la vida y costumbres de esa tía que tanto le ponía.

Sabíamos que dentro del local no habría bronca, así que fui hacia ellos acompañado de Max q me pasó el brazo por encima de los hombros. Nos pusimos frente a ellos. Entró Rimbaud seguido de Picasso.

-¿Qué pasa monito? - Comenzó el artista.- ¿Dónde has dejado tu linda cabellera? Si quieres puedo arreglarlo.- Dijo sacando un bote de spray.

- Perdona Mono, aparte de Max ¿No te gusto yo también? - Intervino Rimbaud.- A lo mejor conmigo se te pone dura, ¿Quieres que subamos al baño? - Terminó con un contoneo de caderas

-¿Cómo está tu perro OJ? - Pregunté encendiéndome un cigarrillo.

- Slup, a partir de ahora deberías controlar los instintos sexuales de tus súbditos, cada vez se parecen más a nosotros y no creo que eso sea de tu agrado.- Añadió Max.

- Te la estás buscando- dijo Slup- ¿Cómo te atreves a compararnos con vuestra banda de mariconas?

-¡Ah¡ pensaba que ya sabías porqué tu “querido” osito se luce ahora tan aerodinámico aspecto.- le dije.

-Creo- comenzó Picasso- que mi gorra te vendría mejor.- Dijo cambiándosela.

- ¿Cómo te atreves a tocarle? - Gritó el gordo cogiéndole la mano.

-Perdona- intervino la camarera- ¡Hey!, gordito te estoy hablando a ti. No quiero broncas en mi local. ¿Me has entendido?

- Decide la hora, el día y el lugar- me amenazó Slup.- Decide el día de tu muerte.- Chasqueó los dedos y él y su banda abandonaron el local.

Al parecer aún no había llegado el gran momento. Cómo deseaba sacarle los dientes a El Mono y toda esa banda de ineptos. Pero aquél no era el momento, la noche acaba de nacer, la música fluía y necesitaba una copa.

Música electrónica, alcohol, cuerpos transformados en ritmo, sudor...

No salimos hasta las cinco y media. Las calles estaban empapadas y Picasso se dedicó a saltar en todos los charcos que se asomaban en su camino. Corríamos, reíamos.

El séptimo pasajero

Atardecía pausadamente, como si la noche naciese avergonzada.

Teléfono:

- Tengo algo que os va a encantar.- Lex.

- Sorpréndeme- contesté.

- Pásate por aquí. Estoy con Picasso.

Al abrir la puerta salió una bala negra que se escabuyó por entre mis piernas.

- Saludos hermano.- Picasso apoyándose en el marco de la puerta. Lex salió al porche- Aquí el vampiro ha encontrado su alma gemela.- Miré al jardín. Un cachorro de rotweiler.- El muy cabrón se lo ha llevado por la cara. ¡Ven renacuajo!- Dijo agachándose.

Rimbaud entraba en el jardín.

- ¿De dónde has sacado eso aprendiz de Nosferatu?- dijo cogiéndolo.- Hola pequeño ser de ojos de aceituna.

- Hola a ti también.- Lex desde la puerta.

- ¡Regálamelo!- dijo saltando con él en brazos. Se acercó a Lex corriendo.- ¡Regálamelo, regálamelo!

- Tío, sólo es un perro.- contestó.- Aunque mis viejos me lo han prohibido, bajo pena de crucifixión...

- Nos lo hemos levantado de la tienda del centro.- Picasso- Bueno, él se lo ha levantado, yo solo distraje al dueño.

Un rato después llegaron Max y Sabina.

Juntos.

- ¡Lex! Kerrido kamarrada, Esto si ki es una svorpressa!- Max cogiendo al bicho.- Ased sonarr las triompetas, ¡essto hhay ke selevrarlo!

Picasso subido a la encimera de la cocina. Intentando que el cachorro saltara para coger un trozo de jamón. Rimbaud desternillado de risa ladraba a cuatro patas junto al perro .

-¿ Pero cómo lo habéis hecho?- Sabina que ya tenía una copa de vino.

- Pasábamos por ahí, y le vi tras la vitrina... Amor a primera vista. –Explicó Lex pillando la botella- Picasso entró y se puso a hablar con el dueño.

- Le pregunté si tenía comida para pirañas, fue lo primero que se me ocurrió.

- El tío le tuvo más de quince minutos inmerso en el mundo de las pirañas. Yo dándoles la espalda me agaché, agarré al perro y salí como si nada. Tan fácil que resulta absurdo. - Brindó con la dama.<



...No Somos Ángeles®..........1 . .

-Uno-

Preludio

No queríamos arder.

No teníamos un descapotable rojo que conducir en dirección contraria por la autopista.

Tampoco lo queríamos.

No nos exprimíamos hasta destilar adrenalina.

No jugábamos con la Muerte,

ella no juega con meros aprendices.

Sólo éramos.

Sin patrones a seguir.

Sin ejemplos a imitar.

Libres.

Aún conservábamos nuestras alas.

Jóvenes.

“¿A qué suerte estuve destinado cuando nací?

¿A qué suerte?

La vieja canción se repite: ¡Arder de deseo y morir!”

Wagner. Tristán e Isolda.



INVIERNO DE 1998

yo

Esto está llegando al límite. Me está venciendo, toda esta situación... Poco a poco.

Gritar, chillar, matar... Todo esto querría hacer ¿Pero cómo? Volvemos a lo mismo de siempre. Un laberinto cuyo camino lo ha hecho la desesperación, en el que se oyen ecos de agonía y cuya única salida es la Muerte ¡Ah! La fresca y negra muerte, con su capa raída de terciopelo negro ¡Quién fuera ella! Se pasea por los angostos caminos de la desesperación y la angustia sorprendiéndonos en los recodos, buscando a alguien a quien atrapar y encantar bajo sus frías alas de plumas negras.

¿No la veis? De vez en cuando se cruza por mi camino, pero gracias al... ¿Cielo, infierno? No me ha querido llevar a pasear por los angulosos acantilados de sus dominios. Me obliga a seguir viviendo. A vivir una vida que no me pertenece... El mayor error de mi existencia: nacer. Desde pequeño he creído estar viviendo la vida de otro, alguien debió equivocarse, puesto que merodeo por el laberinto de otro y alguien no sé en dónde, está recorriendo el que a mí fue destinado y a la vez arrebatado ¡Quiero lo que es mío! Si es que en algún momento lo fue... Hay algo, en lo más profundo de mi ser, en lo más oscuro de mi interior, que me dice que sí, que fue un error. Sin embargo, ese “yo” que tanto aborrezco me dice que he de adaptarme, por que tal vez ésta sea mi desesperación y no la de otro... Ni yo mismo lo comprendo.

No me queda tiempo. He de ir a ajustarle las cuentas a El Mono, ese hijo de puta va a encontrar su par de alas esta Noche: De la suerte y de la muerte no hay quién escape.

La Ira

La ira te espera paciente, sentada junto al odio. No son enemigos del tiempo.

Son más fuertes que la cordura y la razón.

Es ciega.

Y dejarse cegar por ella resulta adictivo. Te invade como un millar de hormigas cancerígenas que envenenan tu cuerpo y mente.

No luches, no te resistas.

Deja que mezcle su esencia con tu sangre.

Se irracional.

Con Max

Ayer estuve hablando con Max, tuve que explicarle el ojo morado de El Mono. Pero

mis explicaciones no sirvieron del mismo modo con el del director, pobre hombre. Está chapado a la antigua, igual que sus castigos: 2 semanas o tal vez más de expulsión. Empalmaré con las vacaciones. No creo que eche de menos ese edificio ni su ineficaz sistema educativo. ¡Joder! ¡Si se aprende más viendo la tele! ¿Qué supone que debo hacer mientras tanto, meditar acerca de mi comportamiento? Y de todos modos mereció la pena ver llorar a ese... Ese niño bien, hijito de mamá, se puso de rodillas y casi me imploró perdón. ¡Cómo si fuera a perdonar su jodido culo! Nadie se mete con mi querido Max, y menos con esas intenciones. Lo único de lo que me arrepiento es de no haberme podido controlar y esperar hasta la salida y haberle zurrado en el gimnasio del instituto para que el director viniera a interrumpirnos. De todos modos hoy es viernes, tengo todo el fin de semana para matar a ese jodido cabrón y a todos los de su banda de mocosos, incluso sería capaz de darme con O.J. si hiciera falta.

¿Por qué Max precisamente? Si se hubiera metido con Lex sólo le habría partido un par de dientes, pero el muy imbécil ha tenido que ir a por Max, mi amado Max.

Supongo que es difícil entender mi relación con él, no es fácil comprender como pudo surgir tanto amor entre nosotros, ni los míos lo comprenden, a veces ni yo mismo lo entiendo. Él dice que el nuestro es un amor que no necesita sábanas, y es cierto.

Me pasé toda la tarde con él. Había pillado cinco doblones (o talegos, como dicen los otros) y nos encerramos en su celda, de fondo desde U2 y Satriani hasta Deftons y Manson, los grupos que a él le ponen, y un par de velas. Nos pasamos la tarde fumando, hablando y haciendo el amor (secreto.)

Hicimos las llamadas de rigor para reunir a los nuestros y salimos en busca de un poco de bronca.

(Secreto) Hay momentos que no se deben compartir para que no pierdan su magia. A veces al verbalizar una idea o un acto lo despojamos de su pureza, lo tachamos de mundano y lo convertimos en algo corriente.

Aclaraciones

Lo que había hecho el idiota de El Mono había sido la mayor cagada de su corta vida.

Hace unos días Max iba colocado como en pocas ocasiones, Mono se lo encontró en la cervecería y trató de venderle un par de doblones, mi amado le dijo que ya estaba servido y entonces el otro le ofreció unos tiros y también unos picos que rehusó de nuevo. Por lo visto estuvo tratando de camelárselo en las escaleras del baño, empezaron a discutir y no sé cómo siguió la cosa, el caso es que Max acabó con un pico en el cuerpo y unos cuantos rulos menos, pero no contento con esto, El Mono, (el más hombre de su banda) se lo llevó al baño e intentó que se la chupara. Al muy hijo de puta tardó tanto en ponérsele dura que cuando por fin lo consiguió Max estaba inconsciente tirado en el suelo.

Lex y Rimbaud le encontraron y le sacaron del tugurio como pudieron, tratando de que la gente no se enterara. Me avisaron y tuvimos que llevarle a ver a Moe, un tipo que suele echarnos una mano cuando la necesitamos. Después de esto Max se pasó dos días agilipollado, nunca se había metido un pico y menos aún de esa mierda que le dio Mono.

Ahora está bien, han pasado cuatro días y ha llegado el momento de la venganza... Aunque no sé si merecerá la pena. Venganza fría y servida en bandeja de plata... Pues no todos se la merecen, no todos la pueden apreciar. El mundo está lleno de burdas copias de lo que podrían ser hombres y las copias no entienden ni comprenden, sólo imitan, y eso es lo que hacen Slup y los de su banda. Puros imitadores. El mundo está lleno de ellos. ¿No lo crees? ¿O es que no los puedes ver?

f

Flascback

El comienzo. Max & Mort.

Teléfono:

- Necesito esconderme.

-Estoy solo. Te ofrezco refugio.

Cuando llegué a su casa aún era de día.

-Entra.

- Guapas rastas.- Dije.

- Gracias.

Me llevó a su habitación.

Me tumbé en la cama.

Silencio

Me quedé dormido.

Cuando desperté ya era de noche.

- Te has perdido un atardecer increíble,- dijo desde la ventana. En la mano derecha una copa de vino tinto. Se acercó a la cama y se tumbó a mi lado.- ¿Soñabas?

- Volaba.- Contesté.

- ¿Por dónde?

- Lejos de aquí.

Silencio

-Me encanta como me miran tus ojos.-Susurró.

- Entonces les dejaré que te sigan mirando.

Dos siluetas negras tumbadas bocabajo, bañadas por la cálida luz de las velas, envueltos por una ópera melancólica.

- Quiero que me relates el duelo que callas.

- ... Me siento bien contigo. De alguna forma acallas el murmullo que me hace temblar por dentro y vacía.- Contesté.

- ¿Qué dice ese murmullo?

- Que estoy perdido.

Silencio

Se incorporó, cogió la botella y me trajo una copa.

- Si el estar perdido a mí te trajo, entonces no puedo hacer otra cosa que brindar por ese murmullo. Puede que juntando tu soledad con la mía nos llenemos de algo.

Me senté frente a él.

Sonido de cristal.

Bebimos en silencio.

Sabor a frutas, a tierra, a madera.

Terciopelo líquido.

- Deseas ser encontrado,-dijo- de no ser así no habrías llamado.

Di otro trago y me quedé mirándole.

- O tal vez, aún no sepas realmente a qué has venido.

- Quería esconderme.

- Para esconderse hay que estar solo.

- Y me siento solo.

- Pero estás conmigo.-Sonrió- Un refugio es lo que buscabas. No podemos escondernos de nosotros mismos Mort.

- Me ahogo.- Susurré.

- Creo que sé cómo hacerte respirar.

Dejó las copas en el suelo y me abrazó. Apoyé la cabeza en su hombro y me perdí en él. El mundo desapareció y el pasado del que venía huyendo se desvaneció.

- Ahora estamos los dos escondidos.-Susurró.

Olía a otoño.

Inclinó la cabeza.

Me separé un poco.

Le temblaba la mirada.

Apenas nos separaban unos centímetros.

Y dejé de oír el murmullo,

en su lugar los latidos de mi corazón.

Sus labios cada vez más cerca de los míos.

Sabía a frutas,

a tierra,

a madera.

f

Vida Nocturna

Salimos de su casa y fuimos al cementerio a encontrarnos con los demás. Cuando llegamos Rimbaud ya estaba tirado sobre una de las tumbas hablando en verso, sólo que esta vez era Shakespeare. Debía ir muy puesto, porque no suele salirse de los simbolistas franceses, Verlaine, Baudelaire, Mallarmé... De ahí su nombre. Mi pequeño infierno... El caso es que estaba tirado en el suelo haciendo divagaciones sobre que pasaría si Hamlet se liara con Romeo o con Julieta, (todo esto en verso.)

Lex, nuestro pálido Nosferatu de terciopelo y encaje, aún no había llegado. Para variar estaba viendo una de esas películas antiguas. Estuvimos esperando media hora y como no venían los demás levantamos al hombre del suelo entre Max, Sabina y yo y nos largamos a buscar un par de cervezas.

Tardamos más de lo normal en llegar al garito, normalmente cruzamos el parque que es territorio de Slup y su banda de almas perdidas (incluido El Mono), pero Rimbaud no estaba como para darse una carrerita, así que tuvimos que dar la vuelta por delante del centro comercial.

El Cementerio

Siempre que paso por ese parque me pregunto por qué ha de ser ese su territorio y el cementerio el nuestro. La división territorial resulta tan absurda como sus existencias Tal vez sea porque ahí siento a la Muerte más cerca, todos la sentimos y eso en el fondo nos gusta, es como desafiarla y reírse en su cara. Siento una sensación muy extraña cuando estoy allí, sobre todo cuando nos reunimos junto a la tumba de Andrea. ¡Ah! Aquel lugar tiene algo... Casi místico, puede que por eso lo eligiera para acostarme por primera vez con ellos. “Y estar así, desnudos encontrar gozo y calma...”me susurró al oído la primera vez...

f

Lex y Picasso ya estaban en el garito cuando llegamos. Picasso tiene ese seudónimo porque es nuestro artista, se dedica a hacer pintadas cubistas en cada sitio al que vamos, es como la señal del Zorro, él es el encargado de desvirgar las paredes o techos de los sitios que frecuentamos, a él le deben los de la cervecería ese increíble “cuadro” de la banda del gordo de Slup que hay en el baño de los tíos, en el aparecen todos ahorcados y con las tripas fuera, sus almas grises desvaneciéndose, todo en rojo, negro gris y marrón... (tal vez por eso a Mono no se le levantaba. Risas)

Música, un poco de hierba, alcohol y ya estábamos todos a tono.

Sabina

Aún se me hacia raro ver a Max con todos nosotros, llevaba casi un año detrás de él y por fin le había conseguido. Tenía otros amigos y otra vida que yo nunca había querido conocer, pero últimamente había venido con el grupo y aunque me cueste admitirlo sé que no sólo era por mí, le molaba Sabina, nuestra Afrodita envuelta en cuero, y en cierto sentido nuestra Maestra: todos nos habíamos acostado con ella, o mejor dicho, ella nos había follado a los cuatro y también a Max cuando comenzó a venir con nosotros. No me importa que le ponga, supongo que es por su manera de montárselo, de ahí lo de Maestra. Y de todos modos es una fase, luego te acuestas con ella de vez en cuando; si quieres follar con una tía, ahí está ella siempre y además sabes que con ella no te puedes pillar nada, sólo se lo monta con nosotros y en ese sentido estamos sanos.

f

Rimbaud ya había dejado su dimensión particular, pero no el verso ni a Shakespeare.

- Pero imagine vuesa merced

al loco príncipe, follando

embriagado de placer,

de la suculenta Julieta tomando

sus senos devorando...

Nunca gozó ella de tal modo.

Ni en los brazos de su Romeo

Semejante placer le fue otorgado.

- Tío, no hay nadie que te supere en poesía.- Le dije.- ¿Sería usted capaz de enseñarme a versar?

-¡Pero como! Mi bien amado Mort, - Abrió de par en par sus enormes ojos verdes.- ¡Sin haberlo deseado, habéis creado un pareado!- Dijo riendo.

Me siento humano ahí. Sentado en la barra tomando una cerveza conversando y riendo mientras engullo los cacahuetes que sirven por toneladas con cada copa. Cigarrillo tras cigarrillo, moviéndome entre la gente común, escuchando sus ideas baratas y haciendo que soy como ellos. Espero en la cola del baño, me pido otra birra, compro otro paquete de tabaco... Y todo se desarrolla entre el humo y el bullicio sordo de la gente corriente... Tal vez no sea tan malo. Ser uno de ellos. Aunque le quite misterio y valor a tu existencia... Supongo que todos en algún momento anhelamos ser diferentes. Me puedo mezclar con ellos, pero nunca seré como ellos, siempre me acabo descubriendo.

Así solíamos pasar las primeras horas de la Noche, luego iríamos al Nexus, un local que estaba en la frontera de ambos territorios. Donde seguramente se desarrollaría todo el lío. Normalmente no hacía falta que buscáramos la bronca, nacía sola, pero esa Noche era precisamente lo que andábamos buscando. Habíamos trazado un plan y uno de los elementos principales eran las tetas de Sabina.



Un Sueño en blanco y negro

No comprendo como pudo invadirme el odio de tal manera, deseaba aplastarle la cabeza a ese cerdo, ver como se le salían los pocos sesos amarillentos que tenía. Eso era más o menos lo que había soñado aquella Noche. “Volvíamos a estar en el vestuario del gimnasio, el tío me pedía perdón tambaleándose mientras la sangre densa y oscura brotaba de su boca, a la que ya le faltaban un par de dientes, y caía sobre el suelo blanco. Olía a desinfectante y a lejía. Entonces yo sacaba una jeringa llena de mierda, PCP, LSD... Una mezcla de heroína y todo lo que pudiese imaginar. Le bajaba los pantalones y ante mí aparecía la polla de ese tipo, más pequeña que la de un niño de tres años. Le agarraba por los cojones y le hacía arrodillarse. Acercaba la aguja y recorría su cuerpo con la punta hasta que se la clavaba en la sien. Entonces aparecían las enormes alas de plumas negras tras él y nos encontrábamos en laberinto. Soplaba una brisa fría y rancia con olor a moho. Unas manos que no eran más que huesos tomaban por los hombros el cuerpo del Mono que se batía entre convulsiones y se lo llevaban hacia los acantilados de la perdición. Hacia la que sería su morada eterna.”

Seguramente el resultado final no sería tan espectacular, dudaba mucho que la muerte apareciera ante nosotros y se lo llevara así como así, pero me encargaría de que fuera lo suficientemente sonoro para que Slup, O.J., Sliver, J.J. y El Mono nos tomaran un poco más en serio y dejasen de meterse con mis hermanos y sobretodo con mi nueva adquisición, Max.

f



Salimos del bar cansados de tanta luz y tanta gente y tomamos rumbo al Nexus. Más oscuro, más cálido. Había comenzado a llover y esa vez tuvimos que hacer la carrerita. Bajamos “la cuesta del sexo”, la llaman así porque es la zona frecuentada por ese tipo de mujeres que te ofrecen su cuerpo a cambio de unos billetes. Personalmente no tengo nada en contra de ellas, es una forma como otra cualquiera de ganarse la vida, pero si alguna vez necesito echar un polvo con una tía recurro a Sabina que me sale más económico y se lo monta como nadie.

Cuando llegamos al local el agua se nos había colado hasta los huesos.

El Nexus no siempre se ha llamado así, antes de que lo tomáramos los de mi “especie” era un sitio de lo más normal, hasta que descubrimos que era el lugar idóneo para “ligar”, sobre todo teniendo en cuenta que el dueño es uno de los “nuestros”. Así que por una especie de votación conseguimos que le cambiara esa cursilería de nombre y le pusiera uno más apropiado, y de ahí viene lo de Nexus.

-¡Oh! Hip- hop en mis oídos.

más sin ser desatino

quedáis advertidos

éste es mi sino. - Y diciendo esto Rimbaud se puso a saltar como un loco.

- Bueno, yo me voy a lo mío. – Dijo Sabina. Se quitó la chaqueta y el jersey dejando ver sus resaltantes atributos, dejó ambas prendas en el ropero y moviendo las caderas se fue hacia la pista.

Ya llevábamos unas horas en el local y la banda del gordo de Slup no había aparecido. Fui a preguntarle al dueño por ellos, pero no les había visto. El tiempo pasaba, la música seguía, los efectos del ácido que Max había pillado abandonaban nuestras mentes y Sabina seguía provocando a la mitad de los ahí presentes, incluido a mí.

El soporífero aburrimiento se adueñaba de nuestros cuerpos mortales. Todo indicaba que aquella no sería la noche. Reuní al grupo, había dejado de llover y decidimos que nos correríamos la juerga fuera.

Pasamos la Avenida Principal, íbamos camino de nuestro local preferido. Una vieja farmacia cuya farmacéutica, aparte de ser el ser más horrendo de la creación, era aún más vieja que el tiempo. Siempre que se nos truncaba el plan acabábamos ahí, llevábamos casi un año yendo. Un día Lex probó suerte y le tocó el gordo, pidió un bote de pastillas y como no tenía un rulo encima dio un apellido falso y dio la casualidad de que alguien con ese apellido tenía una cuenta allí. Desde entonces nos pillamos los mejores alucinógenos de laboratorio totalmente gratis, (hasta que nos pillen). Al lado de “nuestra” farmacia hay un 24 horas, y es allí donde se realiza la segunda parada de rigor para adjudicarnos unos litros de ése oro líquido.

El Cementerio: por fin en casa. Un combinado multicolor y todos a la tumba de Andrea. El alcohol se mezclaba con la adrenalina acumulada. Esa panda de maricones no se había presentado y nos habían dejado con todo el calentón. ¿Qué demonios nos habíamos metido? No lo sé. Sólo recuerdo que me pillé la mejor mierda cerebral desde que me metí Ketamina por primera vez