-TRES-

- ¡Dios! Nunca, - dijo Picasso bajando de la encimera- repito NUNCA le pidáis a nadie que os hable de la alimentación de las pirañas. Casi vomito.- Abrió la nevera.- ¡Serás capullo! ¡Aquí no hay nada de papeo! ¿Qué mierdas son estas, queso light, mermelada light, cerveza sin alcohol, brotes de soja?? ¿Tu madre se ha metido en el rollo ese de la vida “sana”? Joder, comida sin comida...

- ¡Abre el congelador capullo!

- ¿Y quién se lo va a quedar?- Sabina.

- Silencio- caras interrogantes.

- Yo puedo.- Max- poco importa en mi casa lo que haga o deje de hacer.

La decepción se asomó a los ojos del poeta

Comentarios

Qué puedo decir al respecto. Si quieres algo cógelo. Deja de esconderte en ese rincón y lucha por tus sueños y deseos. Si realmente quieres algo tendrás que mojarte el culo. Es aquello que más anhelamos lo que mayor esfuerzo nos cuesta conseguir.

No seas cobarde.

Nuevo Escenario en Cuatro Actos

Una escapada... Nos vamos a pelar de frío pero merece la pena. La tía de Maestra tiene una casa en un pueblo a las afueras de la ciudad en mitad de ninguna parte, tierra de nadie. Nos vendrá bien alejarnos de esa panda de mal nacidos y de nuestros respectivos núcleos familiares que lo único que hacen es quejarse e interrogar.

Nos recogieron a las seis de la mañana en una furgoneta del tamaño de un camión. Estaba claro que esa mujer tenía dinero, y además no era nada fea, los atributos debían ser de familia...

Un camino solitario bordeado por radiografías de árboles, el amanecer despertando al mundo, ópera como acompañamiento. La Boheme.

Cuando llegamos el asombro se apoderó de nosotros, ante nuestras propias narices se erguía una mansión fruto del sistema capitalista, de la explotación de los más débiles, de la discriminación, del soborno, la corrupción y seguramente del narcotráfico... Una casa que era un sueño. Era realmente enorme, descomunal y creo que nos hizo sentir a todos pequeños y plebeyos. Habría que aprovecharse...

Nada más entrar nos preguntó cómo queríamos dormir. “En bolas y con ella” ¡Menuda pregunta, como si la respuesta no estuviera clara!

Ecos de asombro. “¿Esos cuadros son originales?” “Flipa con la escalera” “Piscina climatizada”

Primer Acto

Nadábamos con el espíritu de la Belladona.

La lluvia de oro invadió mis ojos, se convirtió primero en río, luego en mar, luego en océano.

El corazón se me salía del pecho.

Me quedé tendido en el bordillo. Las gotas lamían mi cuerpo como millares de pequeñas lenguas, calientes, hirientes.

Sabina: ménade, ardió con Max.

Yo: seguí tendido, un no iniciado, sin danzas, sin cantos.

Segundo Acto

Tormenta

La noche cayó sobre nuestras agónicas almas. El viento parecía batirse en duelo con la lluvia, los relámpagos cruzaban el cielo como mensajeros de la tormenta... Una noche perfecta... La casa estaba silenciosa. Sabina nos despertó.

- Quiero enseñaros algo- Susurró.

Nos deslizamos entre las sombras temblorosas. Con un leve chirrido abrió una puerta que había debajo de las escaleras.

- Mort-susurró,- ayúdame a sacarla. Lex, coge la mochila y coloca las velas en el suelo, el libro explica como hacerlo. – Sacamos la ouija circular que debía tener un metro de diámetro. Suavemente la colocamos en el suelo. Las letras góticas estaban impresas sobre un fondo blanco en el perímetro. En el centro había una gran estrella azul y gris y en cada una de sus ocho puntas las frases imprescindibles, ya sabéis, “hola”, “adios”, “ no sé”...

La colocamos en el suelo, y nos sentamos en torno a ella rodeados por las velas. Sabina encendió un incienso y poco a poco el ambiente fue cargándose de cierto misticismo.

Fuera la tormenta continuaba su batalla. A través de las enormes cristaleras llegaba la luz de los rayos que pasaba por una metamorfosis de color. Violeta, verde, morado. Grave color de invierno exasperado. La lluvia golpeaba los cristales y el viento rugía. Era el cuadro perfecto para lo que nos disponíamos a hacer. Por fin haríamos algo interesante.

Pero qué os voy a contar. Quién no ha tratado de desvelar los secretos del espiritismo alguna vez, quién no ha danzado con los muertos sobre la ouija alguna vez. Quién no ha tratado de comprender aquello que se nos presenta irresistiblemente desconocido.

Si no lo habéis probado no soy quien para desvirgaros en semejante terreno. Investigad y sacad vuestras propias conclusiones. Pensad por vosotros mismos de una vez. ¡Borregos! Sé que en lo que a temas ocultistas se refiere, uno desea ver saciada su curiosidad por medio de otros que arriesgaron el culo antes. ¡Pues no! Lo siento pero yo me niego.

Sin descanso

Otro sueño: azul, blanco y gris

A las Puertas de la Eternidad,

Me desperté lentamente. Todos seguían dormidos. Traté de despertar a Max pero no se inmutó, le besé y me incorporé.

Todo estaba iluminado por una trémula luz invernal que se colaba por las cristaleras formando extrañas columnas oblicuas, parecía como si el mundo se hubiera congelado; El suelo estaba cubierto de polvo de hielo, no se oía un solo ruido, ni siquiera la respiración de los que dormían, su tiempo se había detenido, sólo silencio, vacío, silencio afilado, frío y agobiante... Fui hacia las puertas de cristal que daban al jardín, salí y me encontré ante mi laberinto; los angostos pasillos de mi existencia se abrían ante mi, pero algo era diferente...

Estaba en un lugar hasta ahora desconocido, no sólo para mí, para vosotros también, y es probable que esta sea la única visión que obtendréis de semejante lugar en vida. Estaba en los dominios de la Muerte, mi vida recorría los escarpados riscos de las fronteras del reino de las tinieblas.

La visión: Un laberinto esculpido en piedra negra. Caminos que suben y bajan retorciéndose en ángulos imposibles, el sonido de las aguas chocando contra el acantilado bajo mis pies cortaba sofocante silencio de ese extraño vacío. Agua negra, espuma gris, un abismo por cielo con una sola estrella azul.

Comencé a caminar tratando de alejarme del borde del acantilado, tomaba los caminos de la izquierda, pero siempre volvía al filo del oscuro precipicio. Giraba una y otra vez tratando de modificar mi rumbo. Comencé a correr. Siempre a la izquierda, siempre al punto de partida. Un sudor frío cubría mi cuerpo de perlas de cristal. De pronto La vi, a pocos metros de mí estaba Ella, con su capa raída de terciopelo cayendo sobre su esquelético cuerpo. Mirándome fijamente abrió sus grandes alas y las extendió hacia mí rozándome la cara con las puntas. Sentí como si me cortaran con un cuchillo helado, sentí el frío de la muerte en mí. Un segundo que duró una vida. Plegó sus alas oscuras se dio la vuelta y mientras se alejaba dijo con su voz metálica: “No me tientes Mortimer, muerto no me servirías de nada. Mi amado Mort, no me tientes.”

Comenzó a hacer calor, la luz se hizo más fuerte, me cegó. Volvía a estar en el salón con mis hermanos.

La sensación de soledad que me había acompañado siempre creció tras este sueño. Allá, en los límites de la tierra de la desesperación descubrí la verdad; estaba solo, siempre lo había estado y siempre lo estaría. Completamente solo. Ellos, mis hermanos, no lograrían sacarme del pozo de mi existencia, ni siquiera Max, mi amado Max, ni él, el de la mirada encendida.

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Divagaciones

Tal vez todos estemos solos, unimos nuestras vidas a las de otros para sacar algo de provecho, lo justificamos llamándolo amor, siendo este el sentimiento más egoísta jamás creado por el hombre. Uno ama para que lo amen, para sentirse bien sin tener en cuenta el mundo que le rodea. Por amor se han cometido todo tipo de atrocidades; traiciones y asesinatos han sido cometidos en beneficio de una de las partes sin más justificación que el amor... Así pues, estamos solos. Yo estoy solo, a pesar de que el amor que hay entre mis hermanos es diferente al vuestro... Lo es hasta cierto punto, yo quiero a Max para mí solo, para llenar el vacío de mi interior, ergo, en mi propio beneficio.

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Tercer Acto

Palabras con Max

Después de comer Max y yo salimos para dar un paseo, hacía un frío de pelotas, pero necesitábamos estar a solas. Hacía mucho que no conversábamos de verdad. Con él no podía hablar a corazón abierto como con Rimbaud, con sinceridad, son seres muy diferentes, pero me bastaba con que fuéramos honestos.

Fumando y charlando acerca de banalidades llegamos hasta lo alto de la colina y enfundados en nuestras gabardinas nos sentamos bajo un abeto.

- Ha pasado mucho tiempo ¿verdad?

- Sí. – Susurró.

- Ya...

- ¿Qué querías decirme?

- Que me estoy enamorando de ti –contesté apurando el cigarrillo-. Pero que tu pareces cada vez más distante.

- Mort.

- ¿Qué? - le miré.

- Te quiero... Lo de Sabina ha pasado a la historia, está buena, lo reconozco, pero ya no es lo de antes. Contigo es distinto, a ella la utilizaba, bueno, ya sabes para qué.

- ¿Lo dices en serio?

- ¿Crees que sería capaz de mentirte? – Preguntó con sus ojos azabache clavados en los míos.

Pero seguí sintiéndome solo. Tal vez porque ahora sabía que siempre lo estaría, a pesar de lo mucho que me quisiera su amor sería temporal, me llenaría de forma superficial. Aunque me entregara todo su ser, nunca sería para siempre.

Le tomé por el cuello y le besé como nunca antes había hecho. Sí, yo también le quería.

- Se acerca la tormenta, creo que deberíamos volver-dije.

- Sí –dijo incorporándose-, o llegaremos cuando comience el deshielo.

La pregunta

¿Existe el amor sin dolor?

Cuarto Acto

Confesiones I,

Las trivialidades

Esa noche volvimos a encender las velas pero no hicimos más que rajar, ya habíamos tenido suficiente con la dosis del día anterior.

- Os propongo – comencé acomodando mi negra silueta entre los cojines del suelo – un “Sincero hasta el amanecer”. Han pasado muchas lunas desde la última vez. Bien – dije encendiendo el doblón que daría el turno- ¿Qué decís?

- Me parece una magnífica idea- contestó el artista en tono burlón a mi meditada

Pregunta.

- Sería placentero

Conocer tu secreto- Añadió Rimbaud sentándose frente a mí mientras inhalaba copiosas cantidades de humo.

- ¿Sabina, Lex... Max?

- De acuerdo- dijo Maestra entrando en el salón con uno de esos provocativos camisones de satén que acentuaba sus deliciosos atributos y dos botellas de vino.

- Querido Mort –intervino Max- querrías explicarme de qué va todo esto.

- Ahora lo verás- contesté con su mismo tono solemne.-Sentaos pues- pedí a los demás.

Y así comenzó uno de mis juegos favoritos.

- Bueno, como siempre el turno lo dará el doblón en combustión, que uno a uno iremos pasando a la persona a la que deseamos preguntar. Léase que si se quiere fumar hay que responder.

- Vamos que respondes tu primero- Afirmó Lex.

- Muy sagaz la fierecilla nocturna ¿Vas a preguntar tú?

- No veo por qué no- dijo dando un trago a su copa de vino tinto.-¿Cuántas veces te lo has montado con Max?

- Menos que contigo- (Lex es el único que no ha dejado florecer su bisexualidad). Como ya dije antes, la sinceridad no es para los oídos de todos, ¿Para qué contarles la verdad? Max era mío, su cuerpo era mi secreto. Le pasé el doblón a Picasso que estaba a mi derecha.

- Es cierto que tu miembro empalmado

Prince Albert ha catado? - Rimbaud sin duda alguna

-¿Qué has hecho qué? - preguntó Maestra.

-... Es cierto- Contestó el artista llévándose las manos al paquete.

- ¿Estás loco?- Sabina se había sorprendido, de eso no había duda.

- No, no, no querida Maestra- intervine,- él ya ha contestado a su pregunta, si su cordura tanto te preocupa tendrás que esperar a su siguiente turno.-Le hice una señal al artista para que le pasara el peta a la dama.- Por cierto, ¿A qué se debe tan repentina fijación por nuestro hermano pintor?

- ¿Acaso te molesta? - dijo ella.

- Te he preguntado yo.

- Pues se debe a que besa mejor que tu.-(Respuesta femenina donde las haya).

- Siento desilusionarte pero eso no es cierto.- Intervino Rimbaud.-... ¿Qué pasa? Estoy hasta los cojones del verso- Añadió al ver la cara de flipados que teníamos todos.

- ¿Es eso cierto? -pregunto mi amado-¿Se le da mejor al artista?

- Sí.- Afirmó ella.

- Olvídate- dijo robándole el peta a Sabina- he probado a ambos y está más que errada.- Rimbaud

- Gracias- dijo sarcástico Picasso ante la puñalada-. Tu turno poeta amargado.

- Bello calificativo me has otorgado. Pregunta y demuéstranos tu ingenio- Le contestó.

- ¿Con cual de los aquí presentes te acostarías gustoso? ¿Sigues anclado en el pasado?

- Eso son dos preguntas cubista infame, respondiendo a la primera te digo que tu acero púbico no deseo probar.

- Rimbaud... No huyas.-Intervine.

- A mi Boticceli en claroscuro:

“Yo prefiero el espasmo de la hora violenta

El suspiro y la ingenua mirada luminosa

Y una boca que me sepa besar aunque me mienta.” - Se escondió tras su copa de vino.

- No hace falta que sigas- le interrumpió Max cogiéndole el doblón.

- Dejádmelo a mi.-Pidió Maestra.

- En tus brazos estoy bella dama.

- ¿Cuándo demonios te lo vas a montar con nuestro amigo el tétrico?

- Y dale... Tengo que responder ¿Verdad? – Fumando.

- Me temo que sí.-le contesté intrigado.

-... Haced tantas conjeturas como vuestras retorcidas mentes deseen, pero esa imagen que por ellas acecha... Podéis borrarla. -Dijo dando un trago a la copa.

Sonidos de desaprobación. Pero tenían que aceptar la respuesta.

Los restos del delicioso doblón llegaron a las manos de Lex y Max hizo los honores.

- ¿Cuándo vas a estrenar la tan ansiada bisexualidad que todos esperamos? Tu tendencia sexual se contradice con tu naturaleza vampírica

- Contigo cuando desees... -(risas)- No ahora en serio morbosos hermanos, siento deciros que por ahora vuestros apretados culos no me quitan el sueño.

- Creo que ha quedado bastante claro.-Dijo Max liando el segundo. Dudó en pasármelo pero al final parece que aceptó el riesgo.

- Soy todo vuestro arpías de la noche- Dije tras la cortina de humo que manaba de mis pulmones.

- Bien-dijo Picasso- ¿Tanto has cambiado que no tienes ganas de catar el aro metálico que recientemente me he colocado?

- Sinceramente...

- Por mí no te cortes.-Max.

- Ahora que tengo vía libre te diré que antes he de consumir a Max.

- Vale, esperaré sentado, gracias por la sinceridad.

- Pasádselo a Picasso tengo una pregunta para él.- pidió Maestra.

- Concedido mademoiselle.

- Te tengo miedo.- Le dijo él dando varios tiros seguidos al peta.

- ¿Querrías que yo lo probara? - Preguntó lamiendo el borde de la copa.

- ¡Joder con Prince Albert!- Lex.

- Dime cuándo y dónde muñeca.

El polvo del siglo acontecería más pronto de lo que pensábamos, Un polvo humano, lejos del simple instinto animal. Menudo descubrimiento sobre todo teniendo en cuenta que a ninguno se le había pasado por la jodida azotea semejante evento.

Confesiones II

Las verdades

- ¿ A qué tenéis miedo? – Pregunté llenando sus copas- ¿Qué es aquello capaz de desvelaros y zarandear vuestras mentes toda la noche?- Max me miró perdido.

- La pregunta a todos nos implica.- Le dijo Rimbaud.- Osada es tu pregunta. ¿Responderás tu también?

- Es lo justo ¿no?

Sus mentes pensaban.

- A volverme loco.- contestó Picasso.- A no distinguir mis sueños de la realidad y quedarme atrapado en ellos. A crear mi propio mundo y no saber escapar nunca de él...

- A morir sola. Perderos y perderlo todo poco a poco y quedarme sin alguien con quien compartir mi vida.

- A pasarme la vida como un espectador y olvidarme de vivirla y no llegar a ninguna parte.- Lex.

- Yo comparto el miedo del vampiro,- Max,- Tengo miedo a perderme en la vida y no saber alcanzar mis sueños.

- Pues yo temo que mis sueños se hagan realidad.- Rimbaud-¿ Y tu Mort?

- ...A estar cansado de vivir y tener miedo a morir.- dije.

- Miedo a la angustia. - me contestó.

Suficiente por una noche.

A veces nos comportamos como completos seres humanos.

Nos hundimos entre las mantas y alfombras que cubrían el suelo del salón que al final habíamos tomado por dormitorio.

Dejamos de pensar en voz alta. Cada uno con su insomnio. Cada uno con sus demonios.

Cae el telón

pero el paraíso no puede durar eternamente