-CUATRO-


Movida

Llego al sótano. Tarde.

La escena:

-¡Mort! ¡Menos mal que has llegado!- Max.

-¿Qué?.. Fui corriendo al salón.

-Veníamos del 24 Horas. Nos los encontramos de frente... Conseguimos escapar, pero la pelea fue inevitable.

Max tenía el labio partido y un ojo morado. Rimbaud tenía aún manchas de sangre en la cara, le habían roto la nariz. Sabina, parecía ilesa, Picasso tenía un par de moratones en los brazos y Lex tenía dos cortes en la cara y las manos amoratadas.

- De repente estábamos rodeados- comenzó Lex- no sé de dónde coño salieron. Vi como Max volaba contra el suelo y lo siguiente fue la cara de Sliver encima de mi con la navaja en la mano.

Corrí hacia Max, hacia Rimbaud... Me quedé paralizado. Sabina me dio un algodón del botiquín y el bote de alcohol.

-Encárgate de él.

-Fue Slup, me lanzo con la ayuda de J.J.- Max en mis brazos. Alcohol.- ¡Ah! ¡Joder como escuece!

- ¿Quién te partió la nariz poeta?- Pregunté.

-Mono, quién si no él.

- Esto es demasiado Mort.- Sabina- Slup me apunto con una pistola.

- ¡Qué?

- Me recorrió de arriba abajo con el cañón.- Dijo temblando.

-¡Joder! Ven aquí..- No podía moverse.

- Eso no es todo.- Picasso.- Ese hijo de puta le arrancó la camiseta.

-¿¿Cómo??- Dejé a Max recostado junto al poeta y fui hasta Sabina. Se hundió en mi. Ahora era ella la que necesitaba un refugio Me abrazó.

- Sliver le ayudó.- Dijo ella sin dejar de abrazarme.- Me... Tenía esa navaja..- empezó a llorar.

- ¿Qué te hizo?- Se separó de mi. El rostro enmarañado, lágrimas. La tomé por la cara.- ¿Qué demonios te hizo?

- Esto.- Se bajó la cremallera. Sus pechos... Llenos de cortes, surcos, arañazos, sangre, moratones, más cortes...- Rompió a llorar de nuevo. La abracé, y deseé con toda mi alma que ese abrazo la curase, que borrase las marcas, que la sanara.- Y... – comenzó a decir entre sollozos.- Y... las cicatrices... ¡Joder! ¡Me han destrozado para siempre!

- Tranquila bella dama.- dije meciéndola.- Tranquila, no pienses, nada se queda para siempre y te juro que esto no va a quedar así.

Una pistola. Una navaja.

Marcada para siempre.

Marcados para siempre.

Almas heridas.

Pasamos la noche en el sótano. A salvo. Nadie sabría encontrarnos ahí.

Pero apenas pude dormir. Entre mis pesadillas apareció Andrea, vi como la muerte se la llevaba, vi toda las escena de nuevo. Resulta tan fácil que parece imposible. El único acto realmente íntimo de cada ser: morir.

Me invadió una sensación que ya había tenido antes. No habrá un final feliz. Les quería tanto, a todos... Todos nos queríamos tanto... Por lo que cada uno es, no por aquello que representa para nosotros. Nos habían dado donde más nos podían dañar.

¡Joder!

Dos días después comenzábamos a cicatrizar. Por dentro y por fuera.

Regalo

-Max...

-¿Si? –Preguntó dándome una taza de café.

- ¿Por qué ha de ser siempre así?

- No lo sé. Tío, no me digas que has vuelto a emparanoiarte.

-No.- contesté jugando con la cucharilla.- Es sólo que estaba pensando en nosotros, en el gordo y en todo este puto asunto que es vivir. Eso es todo.

- Anda, hazte un canuto.- Dijo lanzándome un paquetito.

-¿Qué es esto?

- Ábrelo.- Contestó bebiendo.

Me regaló una pitillera como la suya de plata y un mechero, pero de color negro, exactamente iguales pero en colores opuestos... Opuestos.

Lentamente fueron apareciendo los demás.

Pero su presencia no me confortaba.

Antes de la media noche me piré.

Había una carta esperándome:

“Te veo cambiar,

desde el abismo me observas,

tus ojos se han tornado negros,

negro por dentro, negro por fuera.

Has perdido tu fuego.

Has perdido tu fuerza.

Una trampa más vieja que el tiempo.

Una mentira de gritos mudos.

Te deslizas.

Te escurres.

Te escondes en la oscuridad.

Te veo cambiar.”

Mi amado poeta.

Dolor simbolísta.

f



Yo

De nuevo a solas, en compañía del silencio, la claustrofobia y arropado por la oscuridad. Solo.

Demasiados pensamientos, a veces Rimbaud es demasiado sincero.

Me tomé un par de fármacos y desnudo me tumbé en la cama.

Aquella noche soñé con Max. Soñé que le perseguía hasta un acantilado. Se ponía frente a mi y a pesar de sus gritos le pegaba un tiro entre las cejas. Veía su cuerpo caer inerte hacia el agua y tras un destello volvía a estar en el acantilado. Pero esta vez había algo distinto, oía voces, risas a mi alrededor, sentía el aliento de los que hablaban pero no lograba entender lo que decían. Niebla azulada. Estaba solo pero rodeado de sonidos incomprensibles. Frío. Cada vez eran más fuertes, casi gritos, carcajadas y estruendosas palabras carentes de sentido invadían mis oídos. Otro destello. Me encontraba desnudo tendido sobre un campo de violetas rojas y moradas, el cielo era del color de la sangre y sobre mi caían plumas negras.

Max se me acercaba despacio, se detenía a mis pies, me señalaba con el dedo y comenzaba a reírse, su cara se desfiguraba grotesca hasta desvanecerse. Entonces el suelo se transformó en agua. Flotaba sobre el mar, hacia el horizonte. El cielo era denso, oscuro, se movía... Un ejambre se acercaba a mi desde lo más alto y de nuevo caían sobre mi plumas negras, heladas y suaves plumas negras.

Mi propio grito me despertó.

Empapado en angustia me encendí un cigarrillo. El humo invadió mis pulmones y la nicotina comenzó a hacer su efecto. Una lágrima furtiva resvaló por mi mejilla al acariciar el mechero. Suspiro. No era el momento de ponerme sentimental. Otra vez no.

Me levanté y fui hacia la ventana. La ciudad dormía, poco a poco la quietud me fue tranquilizando. Calles solitarias. El silencio me martilleaba los oídos. Pero era más reconfortante que las pesadillas de farmacia. El humo creaba sombras translúcidas en la alfombra. Parecían serpientes zigzagueando, seres de las húmedas tinieblas acechando desde el suelo. De mi boca escapaban aros de inconformidad... Estaba más puesto de lo que creía.

Sótano

Quedé con Max antes que con el resto. No pude dormir después de aquel sueño. Me pasé la noche pensando en él, en hacerlo mío una vez más.

Encendí un par de velas y esperé a que llegara.

Nunca había sido así. Nunca hasta esa noche habíamos sentido y dado tanto. Y con cada caricia sentía como se me escapaba de las manos...

A media noche llegaron los demás.

- Saludos. Dijo Lex entrando.- Siento el retraso, me he quedado dormido.

- ¿Qué puede esperarse de un vampiro?

- Habrá que crear un poco de ambiente.- Poeta poniendo música- Menudas máscaras de velatorio lucimos todos.

- Hay que ponerse a pensar.- Sabina con cuello vuelto.- Tenemos que hacer algo.- Yo no puedo con todo esto.

- Ayer me pillé una mierda digna de recordar y que espero jamás se repita. La cantidad que le darías a un niño me hizo flipar tanto que creí que el día de mi juicio final había llegado.- Sabina me miraba desesperada.-Me ha hecho pensar, tengo una idea que nos haría ganar tiempo.- Saqué la mierda del bolsillo. Un veneno multicolor.

- Me he perdido.- Picasso.

-Moe tiene PCP, supongo que mezclado con esto los tendremos fuera de juego una temporada.

- Flipas.-Picasso.

- ¿Se te ocurre algo mejor?... Pues entonces. Créeme nunca lo he pasado tan mal dentro de mi mente, alucinarán durante días y con un poco de suerte los entuban.

-¿ Y si nos pasamos?- Picasso.

- ¿Crees que me importa?

- Yo ya he perdido mis valores morales.- Sabina con la cabeza entre las manos.

- Tienes razón.- la abrazó.

- Se nos va de las manos..- Rimbaud.- Y lo peor es que me da igual.- Encendió un doblón..- ¡Por la sobredosis!

- Que le den por culo al mundo- Lex- Bien me gustaría que estos colmillos fueran reales.

- Max, acompáñame a ver a Moe. A ver que puede hacer con esto.- Le robé el doblón - Cuanta razón tenéis poeta, ¡Qué le den por culo al mundo!

Nos pusimos las ruedas y fuimos camino del garito de Moe.

El mundo de las drogas es una telaraña.

Basta con conocer a un par de arañas.

Todos tejen la misma. Es sucia. Oscura.

Trabajan como las abejas en su colmena.

Hay una reina.

Hay que conocer a la reina si quieres seguir vivo.

Hay que saber tratar a las obreras si quieres ganarte a la reina.

-¿Acaso no dicen que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas?

- Comienzas a darme miedo, Mort.

- ¿Comienzo?

- Venga tío, no empieces, me refería a tu retorcido plan.-Contestó poniéndose a mi lado.

- ¿ La Avenida o la Principal?

- la Avenida.- Y nos deslizamos cuesta abajo por la calle del cementerio.

- Sabía que te referías al plan, pero de todos modos hay algo que nunca me has dicho.

-¿El qué?

- ¿ Cómo pretendes que lo sepa si nunca me lo has dicho?

- Si te inquieta algo al menos sabrás de qué se trata ¿No?

- Es...- Me detuve frente a la cancela de nuestros antiguos dominios.- Hay algo en lo más profundo de ti que no logro comprender, hay una parte de tu laberinto que nunca me has dejado ver.- Dije mirándole a los ojos.- ¿No lo echas de menos?- Pregunté señalando las frías lápidas que dormían con un ojo abierto y silenciosas al el otro lado.

- Sí, pero no tenemos mucho tiempo, venga.- Contestó dándose la vuelta.

Rodamos

-No te oculto nada.- Dijo al girar la curva de la iglesia.

-No digo que me lo ocultes, sino que no me has dejado verlo, tal vez no lo entendería...

- Pregúntamelo, Pregúntamelo Mort.- Dijo adelantándome.

- ¿Qué?...- Fui tras él pero no le alcancé hasta el parque.

- Aquí estoy- Susurró cuando me detuve ante él.

- ¿ Qué demonios querías decir?- Pregunté cansado

- Necesito que me lo preguntes, de la misma manera que necesito preguntártelo yo.

- Comienzas a hablar como yo.- Dije con una sonrisa forzada.

- Vamos... Hazlo, tampoco es tanto...

- ¿Por qué yo Max? ¿Por qué irrumpiste en mi laberinto de la manera en que lo hiciste? ¿Por qué te has enamorado de mi, por qué yo....? Y ¿Por qué sigues aquí?

- Por que aquella noche, la primera vez que hablamos en mi casa, fuiste sincero conmigo, por que en medio del caos que creas a tu alrededor logré comprenderte por que tu me dejaste, por que quería quererte y tu necesitabas a alguien que te quisiera.

- Gracias.- le dije acariciando su cara.

- ¿Y por qué yo Mort? ¿Por qué me dejaste entrar en tu vida?

- Vi más allá de tus ojos, vi al niño asustado, vi un alma pura que podía entenderme y decidí aceptar el riesgo.

-¿Con todo lo que conlleva?

- Con todo...- Dije acercándome a él.- A pesar de todo el peligro...- Susurré besándole. Me apretó contra él hasta que pude sentir los latido de su corazón en mi pecho.

- El niño eres tu,-me dijo separándose- el niño que lucha por comprender una vida que no entiende- un beso- pero ahora no tenemos tiempo, Moe espera.



Piratas en el barco de Moe

Esa vez que fui con Max se oía una música de fondo que provenía del cuartucho detrás de la cortina de bolitas rojas (fondo derecha)... Lo que guarda ahí es un misterio... La música podría haber sido turca, india o japonesa.

-¿Qué va a ser?- dijo tras la barra. (frente a la entrada, izquierda)

- Dos con hielo para empezar- dije- y un negocio.

- Negocios ¿eh?- Dijo con su voz quebrada.- ¿Qué tenéis esta vez?

-Beneficios para amabas partes.- Le contestó Max.

Moe resopló arqueando las cejas.

Puso el whiskey.

Sabía bien. Sabía a venganza.

- Nosotros te damos al pez y tu haces que muerda el anzuelo por el precio que quieras.

- Ya. ¿Quién es la víctima?- Dijo encendiendo un cigarro.- ¿Vuestro antagonista habitual?

- Él...- comenzó Max.

- Ya.- Le cortó.- ¿Qué fin perseguís?

- Necesitamos tiempo.

- Tiempo... Pero el tiempo no es barato pequeños amigos.

-Moe, lo digo en serio.- dije- Esta vez va en serio.

- Siempre va en serio Mort. No hay negocios para niños.- Dijo dándose la vuelta para coger la botella.- La vida de la más vil de las criaturas siempre es va serio.- Nos sirvió de nuevo.- Tiempo queréis...

- Un par de días.

-Ya... Tengo unos cuantos frascos de tiempo, si queréis ketamina...

- Me da igual Moe- dije- tu haz que se coman la mierda.- Le di lo que me sobraba de mi dosis.

- Menuda mierda te metes. –dijo examinando la bolsita- ¿No se te ha ocurrido nada mejor?.- Me preguntó echándome el humo a la cara.

- No Moe.

-¿Desesperados?- Arqueó las cejas de nuevo apoyando los codos en la barra.

- Utiliza lo que quieras, pero hazlo rápido.

- Uno tiene que cuidar su reputación, amigo Mort. Dame un día, necesito un enlace... Y me pagaréis ahora. No juego a Jeckill y Mr Hyde por vicio.

-¿Cuánto?

Dinero. Apretones de manos.

De regreso al sótano.

- Los caballeros de la noche regresan de las garras de las tinieblas.- Dijo Rimbaud cuando entramos.

- ¿Se va a mojar el culo?- Picasso.

- Sí.- Contestó Max sentándose.

- ¿Y que acontecerá después?

- Yo que sé. Tu hazme un porro. Necesito pensar. ¿Alguien mas quiere un café?- Pregunté.

- Por favor. - Lex.

- Yo también. - Sabina.

- Cambio la pregunta, ¿Alguien no quiere café?- Silencio.-Vale...

-¿Qué habéis conseguido? -Lex

- No se. Mort le dio lo que tenía, tal vez con ketamina...- Max- ¿Qué importa mientras se lo metan?

-¿Y después?- Sabina

- Crisis.- Rimbaud.

- Gracias por el optimismo.- Max

- Es la puta verdad amigo. No hay plan, no hay ideas... Esto se desvanece. Y Ese ha perdido el control.

- ¡Queréis dejar de cuchichear a mis espaldas!- dije llevando los cafés- Moriréis en las llamas de la hoguera. ¡Arpías!- Me senté.- Negro y fuerte como las noches sin luna para el vampiro.

- Gracias verdugo de almas.- Dijo cogiendo el vaso.

- Menudo mote. Con dos de azúcar para Max.

- Café! Café! Café!- dijo sonriendo.- ¿No decías que era un niño?

- En fin... Dos de azúcar y una nube de leche para el poeta.

- Os lo agradezco a pesar de que seáis grotesco. Aquí está su pago.- Me pasó el doblón.

-¿Qué demonios os pasa?... A ver... tres de azúcar y leche.

- Eres las inspiración personificada.- Picasso guiñándome un ojo.

- Me aduláis artista. Una de azúcar y nata montada para la dama.

- El pago lo acordamos luego.- Otro guiño.

- De acuerdo. Y por fin el único café como dios manda.

-Habló el experto.- Rimbaud.

- Que se pone una de azúcar, una turbia nube y se lo bebe de un trago.- Terminó Max.

Tabaco en combustión, humo dulce.

Un momento tranquilo ¡Por favor!

Algo teníamos que hacer. Pero tenía la mente vacía. Materia gris en blanco.

No quería pensar. Quería salir corriendo.

- ¡Tíos! ¿Os habéis dado cuenta de que se lo ha cuadrado?- Me delató Sabina.

- Gracias por compartir querido Hades.- Rimbaud.

-¡Se lo ha cuadrado!- Cayeron todos sobre mi y empezaron a registrarme, todos excepto el poeta.

- ¡Joder! ¡Basta! ¡Capullos!- Me cogieron de las piernas me tumbaron y me inmovilizaron. Agobio.- ¡Basta!- Picasso me agarraba los brazos.- ¡Joder! ¡Soltadme! - Hasta que por fin Sabina encontró lo que buscaba y me dejaron casi desnudo.

- Lo sentimos Mort, pero así son las normas.- Lex

- Quién no comparte

divide su parte.- Sentenció Rimbaud.

Una hora después Por fin la naturaleza les llamó y me dejaron tranquilo.

- Las tripas me rugen.-Picasso

- Aullo por dentro.- Lex

- Comida... – Gemía Picasso arrastrándose por el suelo.

- Hora de cenar hermanos.- Sabina.

- Se posterga la sesión hasta que el jurado se haya alimentado.- Rimbaud saliendo de su rincón.

Y uno por uno fueron desapareciendo sus cuerpos dejando el recuerdo de sus risas en el sótano.

Risas a pesar de todo.

Estaba cansado.

Me recosté. Me quedé dormido.